lunes, octubre 07, 2019

Calibán y la bruja, Silvia Federici

   Con Calibán y la Bruja, Silvia Federici ha hecho mucho más que un libro. Estamos ante un texto académicamente impecable, esto es indudable para toda persona que sepa reconocer y valorar el uso del método científico en el ámbito humanístico. 
   Es necesario comenzar por aquí, ya que es precisamente en la Academia donde se sospecha de investigaciones, que por su radicalidad, el feminismo siempre lo es, o por su su novedad, son susceptibles de prejuicios o excesivo recelo en su recepción. Sorprendentemente esto no parece ocurrir en los estudios de ámbitos científicos convencionalmente conocidos como ciencias “duras”. En estos casos ocurre a la inversa, tiende a valorarse mucho más lo novedoso y lo que sorprende por inaudito, es decir todo lo que puede ser etiquetado como un “nuevo descubrimiento”. Pues bien, Caliban y la Bruja viene a ser este texto excepcional al que podemos aplicar el rótulo de revolucionario, de descubrimiento.
   Si tuviera que ofrecer una sóla razón para recomendar su lectura sería la de que por vez primera, se hace una lectura de un fenómeno histórico tan (mal) conocido como la caza de brujas en clave de genocidio, o de feminicidio, para ser más exactos. 
   En mis años de universidad el fenómeno de la caza de brujas estaba siendo revisado por primera vez desde el ámbito académico con una rigurosidad más que aceptable, como demuestra la rápida traducción de la obra de Gustav Henningsen, El abogado de las brujas, lectura obligada para mi promoción. Henningsen en los años ochenta llevaba ya dos décadas estudiando este fenómeno en Europa. Habia venido incluso en los años 60 a Galicia a estudiar la brujería en nuestro territorio. De modo que como historiadora, al leer a Federici mi referencia era Henningsen. Me sorprendió la inexistencia de citas a su obra, siendo el investigador una de las máximas autoridades en el tema, de modo que me asomé de nuevo a las páginas de El abogado de las brujas. El resultado fue la constatación de lo que ha supuesto el cambio de paradigma con la introducción de la perspectiva de género en la interpretación de las fuentes. 
   Pero volvamos a la idea principal. Hablábamos de genocidio. Federici, habla, desde el inicio del texto de una deliberada estrategia de eliminación de la fuerza reproductiva como elemento estructural del fenómeno de acumulación primitiva que dio origen al capitalismo. En otras palabras, la autora logra que veamos el fenómeno de la caza de brujas, desde una óptica totalmente diferente a la que impera todavía de forma unánime en nuestros días. La persecución de las brujas, las delaciones masivas de mujeres sospechosas de tratos con el diablo y de asesinatos de niños y malas cosechas, y su posterior ejecución en la hoguera como castigo ejemplarizante para coadyuvar a la política de terror (la doctrina del shok que tan bien estudió Naomi Klein tendría aquí uno de sus puntos fuertes) fueron un elemento fundamental, imprescindible para el arranque del nuevo modo de producción capitalista.   
   Calibán y la bruja, como crítica feminista del marxismo, constituye una demostración de la vigencia de la dialéctica marxista de la lucha de clases en el análisis histórico de la evolución económica. No se trata, como algunos críticos pretenden, de una deficiente interpretación de Marx. La desconfianza que pueda suscitar el texto de Federici será, sin duda por su contundencia y claridad, no por un deficiente uso de la metodología en su análisis. Caliban y la bruja, en este sentido, es un tratado económico, en el que el fenómeno de la caza de brujas es un factor más de un modo de producción. En este sentido, Federici apunta a que el exterminio de mujeres que se produjo en europa en los siglos XVI y XVII, fue una operación de expropiación más dentro del contexto de cercamiento de tierras necesario en el momento de transición al capitalismo. La expulsión de los campesinos de sus tierras, para dirigirlos a una economía del salario sólo fue posible con la supresión de los terrenos comunales que hacía posible la vida de las clases más desfavorecidas. La rebelión del campesinado se manifestó de muchas maneras, y desde luego la proliferación de modos alternativos de vida, enseguida criminalizadas como herejías y sectas que había que exterminar, son sobradamente conocidas. Las mujeres en este contexto representaban un enemigo a combatir también, puesto que detentaban el control de la reproducción de la fuerza de trabajo. Desde el ámbito de la religión y la política se trabajó conjuntamente para apuntalar el tránsito a un modo de producción en el que no representaba ninguna ventala la existencia de mujeres con conocimiento y capacidad para intervenir en la natalidad y por tanto en la fuerza de trabajo. No olvidemos que la gran mayoría de las perseguidas por brujería eran acusadas de matar niños, siendo las comadronas particularmente las más perseguidas. Como ocurre en tantas otras ocasiones, el relato sobre la caza de brujas que nos ha llegado está plagado de inexactitudes debido en gran parte al exterminio de las voces de las víctimas. Los archivos presentan enormes lagunas y los estudios que se han realizado hasta hoy, en su mayoría, no están basados en datos rigurosamente analizados sino en una transmisión interesada siempre reacia a incluir cualquier perspectiva de género en la cuestión. Pero afortunadamente, Calibán y la Bruja ha llegado en un momento en que ya tenemos reflexiones e investigaciones sobre la violencia institucional como la de Foucault, y desde luego ya contamos también con investigaciones rigurosas que desde numerosos ámbitos de conocimiento han ampliado el horizonte interpretativo de los datos. 
   Desconfiar de textos como Caliban y la Bruja por su declarada intención de reivindicar el papel de las mujeres como elemento determinante en la conformación del capitalismo sería como desconfiar de El Capital por tener una visión sesgada debido al interés de Marx en rescatar la importancia de la clase trabajadora.  

Que ya podamos representarnos el fenómeno de la caza de brujas como un auténtico genocidio no lo hace menos grave, pero quizá nos permita observar el pasado y el contexto actual desde una perspectiva nueva. Una perspectiva en la que el fanatismo se descubre como el auténtico peligro y el camino más próximo y llano para la producción de muerte y violencia. Cuando le encargaron a Elie Wiesel que elaborase un discurso conmemorativo de los juicios de las brujas de Salem, una vez más en su vida, el superviviente del holocausto tuvo que reflexionar sobre el origen, las causas de esta maldad extrema. Su conclusión era estremecedoramente clara. El fanatismos es el mal, porque es demasiado fácil ser fanático, es demasiado fácil creer a un niño que dice haber visto al diablo o a una bruja, es demasiado fácil creer a un juez que dice actuar n nombre del bien y de la justicia. El fanatismo, desde su punto de vista sería el auténtico demonio. Peter Hayes, en su reciente libro sobre el holocausto nos advierte que mostrarnos incapaces de concebir un horror de tal magnitud como el holocausto –válido para el fenómeno de la caza de brujas, si somos capaces de concebirlo como tal- es una actitud con la que intentamos hacer hincapié en la propia inocecia, como si nos quisiésemos desmarcar del mismo. Pero esto no es posible, sino todo lo contrario, estas actitudes nos bloquean y nos incapacita para extraer consecuencias útiles, por lo que para comprender intelectualmente este genocidio enfrendarnos a la información de manera valiente y rigurosa. Esta es precisamente la sensación que tengo después de leer a Federici, creo que entiendo mejor tanta muerte y tanta violencia porque la autora mismia ha manejado la ingente bibliografía sobre el tema desde una óptica novedosa en la que se analiza el contexto cultural de Occidente de una manera global incorporando factores religiosos y sociales pero también y sobre todo de naturaleza económica, porque es precisamente el modelo de distribución de la riqueza lo que determina en ocasiones el reglamento moral de las comunidades. 
   En el caso de la caza de brujas, lo primero que debemos de hacer es devolver la dignidad a tanta victima inocente despojando el tema del elemento folklórico y festivo que aún lo deforma, banaliza y esconde para su correcta interpretación. 
   La lectura de Calibán y la bruja se nos antoja como un acto de reparación y de justicia. 

PD. Este texto forma parte del proyecto "Reseñas" de la Biblioteca de la Escuela de Ingeniería Industrial de la Universidad de Vigo, que acompaña a una exposición artística y bibliográfica.  

1 comentario:

crispavon dijo...

Unha reseña que fai xustiza a unha obra tan inmensa. Abraioume cando a lin e teño pendente a súa relectura, pois fíxena demasiado ás presas. Fascinada polo que revelaban os minuciosos estudos de Federici e a súa visión poderosa, documentada, revolucionaria, devoreina para chegar ao termo da súa argumentación. A historia do capitalismo muda para sempre con esta obra.
Grazas por lembrarma, e que non paren esas reseñas!