jueves, junio 29, 2006

"Las ventanas cegadas", de Alexandre Vona.


Estaba triste, pero no como todos los días, para ser más exacto como cada mañana, cuando tanto me cuesta separarme de los seres frágiles y sumisos con los que paso las noches, dejar el mundo anterior, ese mundo en que el menor detalle lo modifica todo. Una sonrisa minúscula en el semblante de una joven (basta con el borde levemente alzado del labio humedecido) significa que en algún sitio, detrás de mí, se ha abierto una ventana, se siente la sombra de las nubes blancas, vaga el viento entre las magras ramas de los álamos. Y está también desde luego la pereza de la sangre, que ha de recobrar tras las vacaciones de la noche su papel subalterno de ciega mensajera de la vida.

Detrás de la escalera había dos dormitorios. Arriba descubrí una sala desnuda, abuhardillada, donde el polvo desplegaba una alfombra aterciopelada, virgen. Me acordé en un tragaluz y contemplé el cielo. Un cielo blanco, detenido. Al salir de la casa escogí el camino que pasa bajo las ventanas cegadas.

Primer y último párrafo de "Las ventanas cegadas", de Alexandre Bona.

Conocí esta novela a través de "El arte de la fuga", de Sergio Pitol. El siguiente párrafo fue el culpable de mi interés por la novela. Todo un descubrimiento, os animo a entrar en esta obra, cada frase es tan bella que te dan ganas de memorizar toda la novela. Ojo, no es una lectura de playa, recomiendo silencio, luz tenue y una ventana abierta que a la vez que la brisa nos mantenga en contacto con el mundo exterior.

"Después de los comentarios de rigor: las dolencias, los amigos, la situación del país, Hugo se las ingenia para recalar en uno de sus temas predilectos: Rumanía o, mejor dicho, la literatura rumana. Le entusiasma que el Premio Mundo Latino, otorgado hace unos cuantos días en Roma, le haya sido dado al romano Alexandro Vona, a quien conoce bien. Lo ha ganado por una novela única, nos comenta, con la que ha vivido a solas desde 1947, año en que terminó de escribirla y en que estuvo a punto de publicada. Esa novela, Las ventanas clausuradas, ha configurado su destino. ¡Sigue siendo su destino! Los pocos amigos íntimos .a quienes el autor romano permitió conocer esa novela declaraban que su estilo narrativo revelaba una búsqueda formal tan rigurosa y soberbia que, si se quería compararla con alguien, sólo saltaban a la mente las grandes personalidades narrativas de nuestro siglo: Kafka, Joyce, Broch o Musil. Durante décadas, el novelista vivió con la certeza de que jamás lograría ver publicada su obra. No obstante, siguió cuidándola, afinándola en secreto. Su primera sorpresa debió ser la publicación en 1993 en su idioma; luego, la traducción al francés y ahora el premio que le otorgó por unanimidad un jurado excepcionalmente brillante compuesto, entre otros, por Vincenzo Consolo, Luigi Malerba, Antonio Muñoz Molina, Rubem Fonseca y nuestro admirado Álvaro Mutis. Y de Vona, Hugo salta a otros escritores a quienes ha conocido, a unos personalmente, a otros por la obra, pues una de sus mayores pasiones, tal vez la más excéntrica, es, ya el lector lo habrá adivinado, la literatura rumana." (Sergio Pitol. El arte de la fuga. Anagrama)

2 comentarios:

Alberto Paciano dijo...

Ana, qué tal. He dado con tu blog buscando información de Alejandre Vona. Tengo justo ahora el libro de Pitol El arte de la Fuga, abierto por la página en donde se encuentra el fragmento que transcribes en tu blog, mismo que yo previamente había subrayado y que me motivo a buscar las ventanas cegadas, que en el fragmento, como sabes, Pitol traduce como "las ventanas clausuradas" En fin , me emociona esa pequeña coincidencia.
Un saludo!

Unknown dijo...

Llegué al blog por la misma coincidencia. Por desgracia, el ensayista murió ayer. Su muerte me acercó al libro, el libro llevó al párrafo y, por consecuencia, desencadenó la búsqueda.
Ahora tengo dos tareas: concluir El Arte de la Fuga y buscar Las ventanas clausuradas, más bien como acertadamente señalan, Las ventanas cegadas.
Saludos.