miércoles, enero 15, 2020

La edad de la ira, Pankaj Mishra




Pankaj Mishra (India, 1969) es un ensayista y novelista, doctorado en literatura en la Universidad de Jawahallal Nehru de Nueva Delhi. Colaborador habitual de importantes revistas como The New Yorker, The New York Review of Books, The New York Times Book Review y The Guardian y autor de una extensa producción bibliográfica que comprende ensayos, libros de viajes, reportjes y novela. Su libro De las ruinas de los imperios (Galaxia Gutemberg,2014) le convierte en el autor no europeo más prestigioso al ganar el primio Leipzig Book Award for European Understanding. Por su origen asiático y su erudición en cultura europea, sus puntos de vista constituyen un original punto de observación de la actualidad. 

La edad de la ira, es un libro enmarcado en la disciplina de la historia del presente. En España, recuerdo que fue Julio Aróstegui uno de los teóricos que aportó más investigación en este campo. En un ya lejano 2005 pude asistir a unas excelentes clases del profesor Aróstegui sobre la historia de la violencia en nuestro país. Eran los primeros tiempos de la historia del presente y recuerdo lo extraordinario que me pareció en aquel momento el reflexionar sobre la actualidad desde un punto de vista histórico. Desafortunadamente no seguí con mucha atención la deriva de la investigación académica a partir de entonces. La desaparición del discurso histórico del debate de actualidad en un contexto de total marginación de las humanidades, fue tan implacable como nocivo, y a la vista están las consecuencias de estas lagunas en el estudio y comprensión de nuestra historia en general y la reciente en particular.

El conocimiento del pasado no constituye por si mismo una garantía de políticas exitosas para alcanzar un futuro mejor, pero podemos estar seguros de que lo contrario es una eficaz pendiente hacia la confusión y el error.  Niall Ferguson, remarca constantemente la incapacidad de los docentes de historia en la enseñanza de metodologías de comparación entre períodos históricos como causa fundamental de la falta de comprensión de la actualidad en relación con el pasado. Es evidente, por ejemplo, que la obsesión actual de asimilar el momento presente con los años 20 y 30 del pasado siglo, es un flagrante error, y eso es directamente atribuible a una enseñanza muy deficitaria de la metodología histórica en las aulas. En nuestro país, a este déficit, habría que añadir, además, la enorme laguna que supuso la extinción de un discurso histórico y filosófico producto del exilio de las personas académicamente más relevantes, en un primer momento, y, más peligroso aún, por tratarse de una escasez sobre un campo ya poco abonado, el grado de ocultamiento y marginación a que se sometió la historia reciente de España en las aulas y en el debate, como consecuencia del miedo constante a desatar viejos odios que si persistieron fue precisamente por falta de explicación y de debate en torno al pernicioso tabú de la reconciliación nacional. Un círculo vicioso que no se romperá con el olvido sino con la comprensión, intelectualmente hablando, de los fenómenos históricos.

En este contexto es especialmente relevante el libro de Mishra, porque desde la primera a la última página se trata de un riguroso intento de análisis del complicado mundo actual sustentado en un conocimiento del autor de diferentes contextos culturales y en unas fuentes bibliograficas abundantes y solventes. Me parece un libro no sólo de lectura obligada, sino de relectura constante, porque ofrece rutas eficaces para orientarnos en la confusión de los extremismos que nos sobrecogen: las desigualdades, la radicalización política, el fundamentalismo religioso, la competitividad extrema, el individualismo a ultranza, la violencia de género, la xenofobia, el ataque al medio ambiente o el terrorismo.  Un estado de ira generalizada para cuya explicación Mishra propone una revisión histórica que pasa por cuestionar las bondades de la ilustración, es decir, de mover los pilares mismos en los que se sustenta la superioridad intelectual de Europa como paladín del progreso que ha de guiar al resto del mundo. Una crítica, otro intento más, es cierto, al eurocentrismo. Pero vayamos al grano. ¿dónde reside la explicación de tanta barbarie? ¿cual es el origen de esta ira que no cesa y que nos mantiene en un estado de miedo y perplejidad que por su intensidad produce una parálisis que amenaza con perpetuarse? La clave, para el autor está en el resentimiento, un este estado emocional global de una ciudadanía que ha visto ya por demasiado tiempo frustradas sus esperanzas de conseguir las metas que proponía la política supuestamente más respetuosa con el ser humano posterior a la Ilustración. El resentimiento global de hoy produce los mismos monstruos que el de aquella primera globalización de finales del XIX. La política de retórica y gestos extravagantes, dice el autor, es la misma hoy que la aquel Gabriele D´Annuncio, el inventor del saludo nazi, cuando ocupa la ciudad de Fiume. La política xenófoba actual es la misma que llevó a ciudadanos franceses a masacrar a trabajadores inmigrantes italianos en 1893, o la que explicó el supremacismo de Estados Unidos contra los chinos, o la de Austria-Hungría cuando convirtieron a los judíos en chivo expiatorio. El terrorismo actual tiene mucho más que ver con una crisis global del capitalismo que con el choque de civilizaciones, un mantra que por su extrema simpleza se asimila mucho más facilmente por el conjunto de una población poco dispuesta a la autocrítica. Los fenómenos de violencia terrorista de hoy día tienen mucho más que ver con los cometidos por anarquistas y nihilistas del siglo pasado que asesinaban a jefes de estado que con diferencias religiosas de diferentes culturas. No parece fácil a primera vista, pero Mishra nos plantea las cuestiones desde una óptica muy ilustrativa. Hoy, como en 1916, vivimos en una atmósfera densa y venenosa de sospecha, codicia y pánico mundiales, (Rabindranath Tagore). La ultraderecha en auge en Europa no tiene una visión muy diferente de aquella que presentaba el Manifiesto futurista de Filippo Marinetti, admirador de D´Annunzio, cuando decía queremos glorificar la guerra- única higiene del mundo-, el militarismo, el patriotismo, el ademán destructor de los anarquistas, las bellas ideas por las cuales se muere y el desprecio a la mujer. Queremos destruir los museos, las bibliotecas, las academias e todo tipo. La reciente violencia salvaje se parece, en palabras de Mishra "a la más larga y extrañas de las guerras mundiales: una guerra que se asemeja, por su ubicuidad, a una guerra civil global". Hay muchas cuestiones que es necesario repensar para entender este nuevo escenario de violencia global y el autor aporta interesantes ideas e indica la necesidad de plantearse las preguntas pertinentes. Avisa de que "desde versiones islamocéntricas del terrorismo está claro que no se va a encontrar la solución" y sostiene que las élites politicas de Occidente "se mantienen incapaces de abandonar su adicción a trazar líneas en la arena, en su empeño de cambiar regímenes y reconvertir costumbres autóctonas, reflejando así su incapacidad de saber lo que están haciendo ni lo que están gestando". Está claro que esta sobreactuación de las potencias mundiales encabezadas por EEUU, véase el reciente atentado contra Irán, hablando sin cesar de la superioridad de los valores propios no va a aportar soluciones, sino más resentimiento, y por tanto, más violencia. Porque la sociedad comercial universal de individuos racionales que buscan su propio interés defendida originariamente en XVIII por pensadores de la Ilustración como Montesquieu, Adam Smith, Voltaire y Kant, no nos trajo la prometida civilizacion universal  con su armonizada por una mezcla de sufragio universal, oportunidades educativas, crecimiento economico sostenido, iniciativa privada y progreso personal. Además, la globalización, según Mishra, ha debilitado formas anteriores de autoridad y ha generado imprevisibles actores internacionales, ý tal como anunciara Hanna Arendt en 1968, parece que por primera vez en la historia, todos los pueblos de la tierra tienen un presente comun. Las bondades de un mondo interdependiente y globalizado, sin embargo, si han sido utilizadas por los individuos del DAEHS y por los demagogos y líderes autoritarios de todos los colores en un contexto de políticas reactivas antidemocráticas en Francia, Estados Unidos y Reino Unido pero también en Tahilandia, Filipinas, India o Israel. Y ante este mundo de imágenes habituales de los medios de los políticos airados insultando a los inmigrantes y a los "otros", en el que el umbral de la atrocidad ha ido bajando, y aumenta el racismo, la misoginia y la demagogia del discurso, se revelan "los hombres del resentimiento" . El autor ve también reminiscencias de Nietzsche porque parece esta toda una tierra temblorosa de venganza subterránea, inagotable, insaciable en exabruptos, como afirmaba en su Genealogía de la moral, porque tenemos la sensación de que el mundo gira sin control. El libro adopta, pues, una perspectiva muy diferente de la crisis universal, alejando del islam y del extremismo religioso la carga de la explicación: los desórdenes sin precedentes que acompañaron a la aparición de la economia capitalista industrial de la Europa del XIX y que produjo dos guerras mundiales, totalitarismos y genocidios en la primera mitad del siglo XX, estaría infectando hoy a regiones más vastas y mayores poblaciones de Asia y Africa, que entraron en contacto con la modernidad a través del imperialismo europeo y se están hundiendo en la fatídica experiencia occidental de dicha modernidad. La crisis universal supera la cuestión del terrorismo. 

El enfrentamiento Islam/Occidente no explica los males y la violencia actuales, por lo tanto, deberíamos abandonar ya esta obsesión y centrarnos en las causas de un resentimiento global que transciende fronteras nacionales, religiosas y raciales.  Es evidente que una global desigualdas en la distribución de la riqueza ha levantado muros humillantes y que las comunicaciones digitales, que nos aproximan a todos, aumentan la capacidad para establecer comparaciones envidiosas en un ambiente de "solidaridad negativa", en palabras de Hanna Arendt, cada vez más claustrofóbica. Hay que tener en cuenta, además, que en el pasado, las situaciones de crisis y desigualdad extrema eran amortiguadas por instituciones como la famila, la comunidad o el estado, hoy mucho menos activas. 
De modo que deberíamos de prestar atención a las proféticas palabras de la filósofa, cuando advertía de un futuro marcado por un "tremendo odio mutio y una irritabilidad universal de todos contra los demás". No está de más, bajo mi punto de vista, atender al extraordinario análisis de otro filósofo, este más olvidado, Max Scheler, sobre todo sus aportaciones par una fenomenología del resentimiento y en su reflexión sobre el vínculo de amor como raíz del espíritu personal y de la comunidad de personas, ya que sólo a la luz de éste aparece el rostro del otro en su aspecto más noble. 

Del libro de Mishra, además, tenemos que destacar un valiosísimo apartado bibliográfico del que ahora destaco únicamente las obras disponibles en castellano 

Bibliografía

Appadurai, Arjun. El rechazo de las minorías: ensayo sobre la geografía de la furia. Barcelona, Tusquets, 2007.



Arendt, Hannah. Los orígenes del totalitarismo. Madrid, Alianza, 2006.



Arendt, Hannah Hombres en tiempos de oscuridad. Barcelona : Gedisa, 2008



Bayly, Christopher AEl Nacimiento del mundo moderno : 1780-1914 : conexiones y comparaciones globales. Madrid, Siglo XXI, 2010.



Berlin, Isaiah. La Traición de la libertad : seis enemigos de la libertad humana. México, FCE, 2004.




Berman, MarshallTodo lo sólido se desvanece en el aire : la experiencia de la modernidad. Madrid, Siglo XXI, 1988.


Escobar, Arturo, La invención del desarrollo. Online



Ferro, Marc. El Resentimiento en la historia : comprender nuestra época  Madrid, Cátedra, 2009.




Gerschenkron, Alexander. Atraso económico. Barcelona: Ariel, 1968. 




Greenfeld, Liah. Nacionalismo: cinco vías hacia la modernidad. Madrid, Centro de Estudios Políticos y constitucionales, 2005. 




Griffin, Roger. Modernismo y fascismo : la sensación de comienzo bajo Mussolini y HitlerMadrid, Akal, 2010.




Hobsbawm, E. J. La era de la revolución, 1789-1848 ; La era del capital, 1848-1875 ; La era del imperio, 1875-1914Barcelona, Crítica, 2012.




Hughes, H. Stuart. Conciencia y sociedad. Madrid: Aguilar, 1972.




Kaplan. Robert D. La anarquía que viene: la destrucción de los sueños de la posguerra fría. Barcelona, Ediciones B, 2000. 



Keynes, John Maynard. Las consecuencias económicas de la paz. Barcelona: RBA, 2012.




Luttwak, EdwardTurbocapitalismo : quiénes ganan y quiénes pierden en la globalizaciónBarcelona, Crítica, 2000.



Madariaga, Isabel de. Catalina la Grande: la rusa europea. Madrid, España-Calpe, 1994. 




Osterhammel, JürgenLa transformación del mundo : una historia global del siglo XIXBarcelona : Crítica, 2015.




Paglia, Camille. Sexual personae: arte y decadencia desde Nefertiti a Emily Dickinson. Madrid: Valdemar, 2006. 



Polanyi, Karl. La gran transformación : crítica del liberalismo económicoBarcelona : Virus, 2016.



Safranski, RüdigerRomanticismo: una odisea del espíritu alemán. Barcelona: Tusquets, 2009. 






Sassen, Saskia. ¿Perdiendo el control? : la soberanía en la era de la globalización. Navas de Tolosa: Bellaterra, 2001.



Schmitt, Carl. Teoría del partisano: acotación al concepto de lo político. Madrid: Instituto de Estudios políticos, 1966. 




Tocqueville, Alexis de. El Antiguo Régimen y la Revolución. México, Fondo de Cultura Económica, 1966. 




Venturi, Franco El Populismo ruso 




Weil, Simone. Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social




Yalal Al e Ahmad. Occidentosisonline












lunes, diciembre 30, 2019

After Piketty, Heather Boushey

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O Capital no século XXI, de Piketty converteuse hai tempo nun fenómeno editorial incuestionable. Que isto ocorra cun tratado académico de economía é, non cabe dúbida, síntoma de que a economía constitúe unha preocupación de primeira orde na actualidade. Ata certo punto isto é consecuencia, como é lóxico, da inquietude no ámbito académico e da inseguridade da cidadá perante as incertezas derivadas da gran recesión económica. Dado que o fenómeno Piketty  tenta ser un texto explicativo do estado do mundo, e non só da economía - de non ser así non se entendería tal éxito - temos que prestarlle moita atención ao seu contido, e dende logo situármonos no punto de escepticismo que toda predición dende este ámbito debe suscitar. Non creo que debamos axeonllarnos ante a contundencia con que nos falan as e os economistas. É certo que o enorme aparello científico co que se constrúe a teoría económica fai que estes tratados nos asoballen con gráficos e con estatísticas. Adoitan construír con eles modelos nos que semella que só a posteriori queren encaixar unha realidade que sempre é máis complexa. As variables non son doadamente cuantificables e polo tanto susceptibles dun tratamento metodolóxico convencional. Adoitan ignorarse por factores ou causas tan diferentes como unha moda determinada nunha área de investigación ou un xeito de ollar a realidade puramente convencional que non ten en conta determinados aspectos porque simplemente non interesan ou non se coñece a forza que puidesen ter na configuración da nosa sociedade e da nosa economía. No referente ao canon no ámbito económico, están as voces que dende a rigorosidade e a crítica nos obrigan a cuestionarnos os dogmas cos que aparentemente temos a obriga de construír a nosa visión, económica, neste caso, da realidade. Refírome a tratados tamén moi intrincados, ás veces, pero ben interesantes polo que teñen de desmitificadores como a Economía enmascarada de Steve Keen.  O Capital no século XXI de Piketty, ten sido xa moi sometido a crítica, dende logo, pero dende a perspectiva de xénero non hai, no noso contexto académico, moitos materiais para este debate en particular. Por iso é especialmente relevante Debatiendo con Piketty, especialmente a ollada de Heather Boushey, unha economista moi descoñecida aínda no noso país por non estar traducida, aínda que leva xa moito tempo investigando sobre temas de desigualdade no traballo e sobre conciliación familiar.  No seu capítulo de Debatiendo con Piketty preséntanos, en poucas páxinas, unha análise das teses deste economista dende un punto de vista completamente novo, aínda que sempre dende unha clara intención de complementariedade ás ideas do economista galo. A novidade da súa análise é que a autora observa a realidade económica dende unha perspectiva similar á de Piketty aceptando algunhas das súas premisas, como a existencia dun estado de desigualdade económica e unha interpretación orixinal sobre o mesmo atribuíndoo a un posible retorno a un sistema de “capitalismo patrimonial”, pero engadíndolle a nosa economista aspectos que, ao seu xuízo, lle faltan precisamente a Piketty por obviar enfoques e datos que tradicionalmente non se teñen en conta na elaboración dos discursos económicos canónicos. Tamén é novo por incorporar un punto de vista de xénero dado que existen evidencias, como o feito de que malia as mulleres, non computar no PIB, si que contan para a economía; de feito contan tanto que as consecuencias, tanto de aplicarlles un réxime particular e diferente no ámbito económico coma o de promover políticas de igualdade, son directamente responsables do crecemento ou do decrecemento económico. A tese central de O Capital no século XXI de Piketty, é que estamos a vivir unha volta ao “capitalismo patrimonial”, o que significa que o crecemento económico semella depender outra vez das rendas do capital máis ca das do traballo. Sen dúbida é esta unha declaración importante e para debater, porque de ser verificada significaría unha regresión a modelos económicos propios do século XIX e que xa dabamos por superados. De dar por certa esta hipótese, ou para demostrala, teriamos que atender á institución que fai posible esta acumulación do capital, é dicir, ao réxime das herdanzas. A proposta de Piketty é, dende logo, desacougante e contén, ademais, unha advertencia que considero moi produtiva na orde da investigación económica, porque reflicte que “ a distribución do patrimonio sempre ten sido profundamente política e non pode reducirse a un puro mecanismo económico ”. Nesta sentenza contense, non sei se ao seu pesar, unha invitación a dubidar de toda unha serie de tratados de economía que se teñen artellado case exclusivamente baseándose en modelos apriorísticos sen ter en conta outras realidades, quizais a realidade mesma. Na obra de Piketty hai unha ¿disimulada? proposta para que pensemos a economía dende unha óptica diferente, incorporando o papel das institucións e da política, é dicir, os xeitos en que nos organizamos como colectividade, como sociedade, e a súa incidencia no crecemento. Boushey acepta o reto, dende logo, ofrecendo unha análise sumamente interesante e complexa que paga a pena descubrir porque non só somete a crítica a metodoloxía e as conclusións de Piketty, senón que fai un percorrido pola teoría económica para incorporar o punto de vista feminista, amosando unha visión do futuro que poden agardar as mulleres. Boushey analiza a versión neoclásica da economía, optimista por natureza, e a súa posible repercusión nas mulleres. Neste sentido convídanos a repensar as sucesivas teses que dende Kunzets a Chang-Tai-Hsieh teñen insistido tanto en que o crecemento sempre, como se fose maxia, ten como consecuencia a redución da desigualdade. Boushey convence porque a súa crítica se constrúe conxugando, ou mellor dito, compaxinando, as afirmacións teóricas orixinais da economía canónica, someténdoas a debate, con datos reais que deberían sustentalas.  Por exemplo, no que atinxe á curva do crecemento de Kunzets, Boushey lémbranos que foi o mesmo autor da teoría o que recoñeceu que o seu modelo estaba máis fundamentado en “ilusións” ca en datos empíricos. No modelo neoclásico todos semellan coincidir en que nunha economía en que o capital humano (a preparación, a aptitude, a habilidade das persoas que traballan) é o que conta, nunca se xustifica o custo de desperdiciar talento con políticas pouco sensibles ao fomento da igualdade.  Con esta premisa, a clase política tería na súa man reducir a pobreza, e decidírse a incluír no sistema económico a todas as persoas que teñen sido tradicionalmente excluídas por razón de xénero ou de raza. Esta previsión de Boushey, aínda que dunha lóxica aparentemente incontestable, bátese precisamente nos nosos días coas políticas en voga de retroceso en materia de igualdade. Habería que preguntarse e reflexionar moito sobre este feito; sobre si realmente é o factor humano (a habilidade das traballadoras e traballadores) o que está actuando como estímulo ou motor de crecemento, nun momento como o noso en que tanto homes coma mulleres teñen unha preparación moi superior ás esixencias do mercado laboral e que ademais ou están no paro ou traballando en postos moi por debaixo da súa capacitación profesional. Na ollada pesimista que nos presenta Boushey, a escasa confianza que ofrece o crecemento como factor de inclusión é quizais onde reside o maior interese do texto. Aquí Boushey harmoniza as teses de Piketty coas do feminismo ao resaltar as metodoloxías que comparten (preminencia dos datos, avaliación destes e incorporación das institucións sociais como actores económicos), pero sobre todo interésanos porque sinala algunhas das estridencias daquelas teses, principalmente as derivadas das contradicións que supoñen o empeño de Piketty por romper coas teorías económicas modernas  e a súa simultánea incapacidade para crebar os modelos estándares que precisamente é o que critica. A partir desta lagoa Boushey incorpora a teoría feminista porque é precisamente empregando esta metodoloxía cando realmente se cuestiona o modelo clásico e canónico ao incorporar variables, datos e perspectivas novas. O feminismo económico, efectivamente, xa tiña recoñecido a importancia das ciencias sociais e das estruturas de poder nos resultados económicos. O feminismo económico tamén tiña xa feito unha crítica á metodoloxía do uso dos datos nas investigacións económicas, cunha crítica das fontes moi relevante, porque tiña sinalado que a unidade fiscal tomada, a unidade familiar, non era axustado, por non ofrecer datos desagregados que permitisen un estudo de calidade de determinadas institucións ou de factores tan relevantes como a importancia da raza ou o xénero na economía. Por outra parte, Boushey critícalle a Piketty que cando fala de capitalismo patrimonial está cometendo un erro de base, porque o emprego deste sintagma non é neutro ao referirse especificamente aos estudos das herdanzas a través dos pais, o que deixa fóra a posibilidade de observación da muller no estudo desta institución imprescindible á hora de tratar unha investigación rigorosa sobre o capitalismo patrimonial. Boushey, a partir de aquí, expón un contrafactual do libro de Piketty, porque refire os resultados aos que Piketty chegaría no caso de que empregase unha ollada de xénero no seu estudo. Boushey incorpora argumentos e perspectivas a unha investigación coa que comparte moitos argumentos pero que contén elementos que a limitan na súa capacidade de comprensión da situación económica do mundo actual, que é, en definitiva, o obxectivo de Piketty.  ¿Cales son estes elementos ou as súas fallas en O Capital no século XXI?. En primeiro lugar, e quizais o máis relevante, son os datos. Piketty emprega estatísticas tributarias, pero unha vez máis e igual que fixo co PIB, esta fonte non abonda porque para coñecer a evolución do proceso de transmisión de herdanzas é imprescindible ter en conta o proceso de incorporación da muller ao traballo ou o emparellamento selectivo como mecanismo de mobilidade social. Unha vez máis a crítica a Piketty o déficit do propio obxectivo que é a incidencia das institucións sociais, económicas ou culturais que marcan o matrimonio, as relacións de xénero ou a familia como aspectos que determinan completamente o réxime das herdanzas.  Boushey descobre con sorpresa este déficit para interpretar o contexto na obra de Piketty cando precisamente é o autor o que incorpora datos directamente collidos de fontes literarias que falan precisamente da importancia das estratexias matrimoniaies e do papel da muller en relación coa economía no século XIX.  Boushey pregúntase polas estratexias actuais no ámbito da mobilidade social e do matrimonio como dinámicas que non veñen reflectidas nas estatísticas pero que se manteñen como unha vía para reducir a desigualdade. Fálanos doutros datos, doutras medidas e constrúe hipóteses que deixan espazo para interpretacións abertas, interesantes e complexas, que, dende logo, ofrecen unha lectura moito menos ríxida en que todos e todas podemos implicarnos e tirar as nosas propias conclusións. Non hai sentenzas nin fórmulas que pechen previsións de futuro, e, neste sentido, a economista norteamericana apunta a que a situación da muller é un dilema que pode resolverse en direccións moi variadas. Pode ser que o crecemento económico empurre a unha necesaria igualdade, digamos que por imperativo de eficiencia do sistema, pero tamén podemos crer que as elites, aínda maioritariamente masculinas, empreguen o seu poder para intervir no proceso de transmisión de herdanzas distópico que conduza irremesiblemente a un retorno ao patriarcado decimonónico. Estas mesmas cuestións son as que formulan hoxe investigadoras como Mercedes d´Alessandro. Dende logo, incorporar a perspectiva de xénero é abrir unha porta á interacción con outros aspectos que hai que ter en conta na análise do sistema económico capitalista en que vivimos.

Esta reseña foi publicada orixinalmente no blog do proxecto Reseñas da Biblioteca de Torrecedeira da Universidade de Vigo. 

viernes, diciembre 27, 2019

Ramón Conde, artista o farsante?

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Me quedé con las ganas de expresar públicamente el profundo desagrado que me causó la visita a una exposición de Ramón Conde en Ourense. No lo hice porque no quería dar pábulo a la política de deliberada vulgarización cultural que desde hace mucho tiempo seduce a nuestras instituciones públicas. Podemos pensar que esta deriva tuvo su origen o culpa, en territorio galaico, en las ocurrencias de nuestro más famoso alcalde, cuyo pésimo gusto y desnutrición intelectual, consigue ponerse a la altura de los tiempos y cosechar la victoria electoral que sirve de refrendo a los desatinos de la postpolítica. Pero la incapacidad estética de Abel Caballero, o quizá su empeño en disimularla para adaptarse a los tiempos, no atenúa el horror que me produjeron los burdos hombres de bultos redondos de Ramón Conde. En aquella visita me acompañaba mi madre, y como todo estímulo es poco en tiempos de apatía vital relacionada con procesos de disfunciones propias de la edad, decidí aprovechar la ocasión y comprobar su reacción ante aquellas figuras. No, no le aportaban ninguna sensación agradable, ni siquiera la curiosidad que podría suscitar lo extraordinario. La fealdad es un asunto bastante subjetivo, ya lo sabemos, pero en cuestiones artísticas, cuando ya se tiene experiencia y se conoce mínimamente el discurso, es fácil distinguir una obra fallida de un timo. Y lo que hizo el señor  Ramón Conde en este acto expositivo es un timo en toda regla. Podría suavizarlo y dejarlo en fraude, pues parecería así que nos quedaríamos en una figura delictiva menor, al entender que sólo hubo una acción contraria a la verdad, pues no me cabe duda de que el artista conoce lo que se aproxima a la verdad en el arte. El escultor Conde conoce perfectamente los requisitos mínimos para que una obra artística pueda ser susceptible de ser admirada como tal. Una cierta dosis de belleza, de verdad o de inteligencia, por mínimas que sean, una cierta novedad en la técnica, en el tratamiento del tema, en la organización de los elementos constructivos o discursivos; incluso podría ser algo de una fealdad extrema pero con una cierta particularidad que nos obligue a detenernos a pensar. Pero lo cierto es  que ante aquellos hombres desnudos, y nada más, una sólo imagina que lo mejor es huir. Porque ni la técnica, ni la escena, ni el discurso, ni la osadía de una perspectiva, ni el movimiento, ni la dimensión, ni la repulsión...nada, nada me sorprende ni me hace pensar.  Me obligué aquel domingo a permanecer más tiempo del que me apetecía, y a leer las fichas técnicas de cada obra, por si me perdía algo. Fue inútil. No había allí información técnica alguna, sólamente unos comentarios sobre la escena representada señalando al público la vía correcta de interpretación. No sé si la propuesta por el autor o por la curaduría o comisariado de la exposición.  Pero estas indicaciones eran de un nivel era tan insultantemente banal que dudé si la exposición en realidad estaba dirigida a un público de las antípodas que desconociese absolutamente los referentes culturales mínimos de nuestro entorno. De modo que cuando, hace escasamente dos horas en el telediario, vuelvo a ver estos hombres desnudos expuestos, en esta ocasión en unos balcones de una calle de Pontevedra, y que con toda normalidad se dice que Ramón Conde disfruta de la controversia que causa su obra, es decir, que públicamente se reconoce que el autor está haciendo caja de la supuesta estupidez del público, siendo una enorme vergüenza ajena y tremendas ganas de empapelar la ciudad con un edicto pidiendo la expropiación de su taller. 

viernes, noviembre 29, 2019

No estas en democracia estúpido.



Para Geles, por recomendarme "Disque", de Susana S. Aríns, ahora flamante ganadora del mejor libro de ficción [ficción?]
Para Estrella, que me ayudó con su elegante sabidurá a pasar una semana gris y polvorienta.
Para Ludi, por mantener la razón en lo más alto.
Con mujeres así no hay sistema corrupto que aguante.

Perdón.
El título sólo es para interpelar a los moribundos.
Las vivas ya lo saben, y con todo, actúan.
Por eso están en peligro de extinción.
Los vivos son menos cada vez, las vivas justo en la proporción que marca la violencia contra ellas.
De modo que.
O despertáis o morimos todos.
No de cáncer o de fallo multiorgánico.
Moriremos de tristeza.
Sí se puede.
Morir de tristeza.
Ya avisaron las poetas.
¿Murió de tristeza Paca Aguirre?
Por lo tanto, amiga moribunda.
Habla porque tienes voz.
Muévete porque tienes espacio.
Lee porque aún tienes libros, pocos, pero aún quedan algunos.
No denuncies nunca, nunca busques aliados entre los muertos.
Escribe un poema.
No te sientas humillada ni abatido por estar solo abandonada ni encerrado ni aterrada.
Es el estado natural que corresponde a la lógica de la sabiduría.
Las sabias siempre estuvieron solas.
Que no quieres ser sabia.
Que no quieres estar sola.
Entonces drógate amiga, o sigue siendo violento, enemigo, y darás sentido a toda la vulgaridad que te hace feliz.
Mary dice que life´s a bitch but Living is....y que she is still looking for the correct adjective here
mmmm,,,,temptress quizá?

jueves, noviembre 28, 2019

Les miserábles, Ladj Ly o algunos hombres malos


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¿Será consciente Ladj Ly de haber hecho la película más feminista de los últimos tiempos? No. Y aquí está la grandeza de Los Miserables. Un día en la vida de una especie violenta. El título, más allá de la referencia literaria obligada, refleja perfectamente el estado de un mundo de una brutalidad masculina insoportable. Ninguna mujer supera los primeros minutos sin una angustiosa sensación de encerrona. Queda claro que desde el principio esto va a ser una cuestión de fuerza bruta, y, efectivamente, estamos ante un western contemporáneo casi en estado puro. Adornado también con el ritual que marca la biología, a la desmesura de esta fuerza bruta sólo se le oponen cada pocos metros de film unas escenas deliciosas en belleza, color y comportamiento amable, que son las que protagonizan las mujeres que sólo tienen boca para gritar en contra de la violencia sistemática que tienen que sufrir por parte de todos, o para realizar un bien extremo que no parece ser real, en medio de tanto horror;  porque mientras la policía intimida y extorsiona, y los jefes de los clanes raciales intercambian chantajes en un contextos de absoluto vacío moral, la mujeres aparecen brevemente, unos segundos nada más, en un cuarto enfrascadas en una tontina, una práctica de ayuda mutua en la que cada una pone dinero para hacer frente a las necesidades del grupo. Increíble. Pero dura poco, puede más el odio entre hombres gitanos, musulmanes, negros, policías, pederastas o camello. Sólo faltaba lo más horrible, el odio de los niños que pierden su inocencia cualquier día a cualquier hora por cualquier brutalidad. Ni lo cachorros se salvan, ni los humanos ni los animales. Sólo se salvan las mujeres, pero no encontré a nadie que hablase de esto, quizá sea la siguiente página que se escriba, dentro de unas décadas. No se sabe. Pero si esto es la violencia postmoderna que resultó de aquellas incendiarias escenas de les banlieusard parisiennes de 2005, el futuro se presenta desgarrador. Parece que desde el cine se están dando señales de alerta máxima. El Joker avisa de una rebelión de los marginados sociales, Los Miserables ponen el punto de alerta en los niños que ya no lo son. No se puede ir más allá.

miércoles, noviembre 20, 2019

mientras dure la guerra, Amenábar

Mireia Rei, actriz que interpreta a Carmen Polo
en Mientras dure la guerra, de A. Amenábar.
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Mientras dure la guerra es un buen ejemplo del atraso en que permanece anclada la sociedad española y por extensión su cine. No he leído críticas, me han comentado que son todas buenas, y estas palabras mías, si fuesen leídas como una crítica, también serían para aplaudir la película; y no, no es contradictorio esto que digo, porque aludir al anacronismo de algo no tiene que ver con el reconocimiento de su calidad. Mientras dure la guerra es un documento que debió elaborarse hace al menos veinte años. ¿Por qué no se hizo?, tendríamos que hablar de un repertorio de sinrazones que iluminarían no sólo la procastinación innata de nuestro cine, por lo menos en lo que a la valentía de su discurso se refiere, sino que arrojaría mucha luz sobre la persistente actitud en el mantenimiento de un tabú que impide a toda una sociedad si no a matar al padre, sí a reconocer la maldita suerte de haberlo padecido. De modo que, como ciudadana perteneciente a esta sociedad voluntariamente ciega, sorda y alexitímica, no estoy en las mejores condiciones de hacer un análisis objetivo. Tengo que imaginarme como ciudadana armenia, sajona o griega para apreciar esta película como se merece. Desde esta posición extraña -pero irrenunciable para hacer una observación fiable- reconozco no sólo una calidad extraordinaria de actores y actrices, sino un sutil e inteligente tratamiento de un asunto tan espinoso históricamente como fue -en general todo el período histórico posterior a la guerra civil- el enfrentamiento Unamuno/Millán Astray. Los detectores de errores históricos no tienen mucho trabajo que hacer, a pesar de tratarse de uno de los episodios más problemáticos y sujetos a las interpretaciones más extemporáneas de nuestra historia. El peligro de caer en el esquematismo de determinados personajes en determinadas escenas se diluye en la siguiente, porque aún manteniendo la gruesa línea del dibujo que caracteriza a figuras tan caricaturizadas como las de Franco o Carmen Polo, somos perfectamente capaces de reconocer un respeto a sus personalidades, lo cual me resulta tan increíble como loable, teniendo en cuenta lo fácil que resulta despeñarse por la siempre efectiva pendiente de lo cómico.  

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martes, noviembre 19, 2019

Joker

No escucha, ¿verdad? Me hace las mismas preguntas cada semana. ¿Qué tal el trabajo? ¿Has tenido pensamientos negativos? Yo solo tengo... pensamientos negativos.

Joker es la representación de la broma que no hace gracia. No concuerdo con Zizek, que defiende una pura adscripción nihilista; el nihilista niega la existencia de principios morales o religiosos mientras que  el Joker se transforma en el abanderado de la lucha contra la violencia de una sociedad que maltrata al ciudadano más vulnerable. Según Zizek, Joker se pregunta qué pasaría  si los desposeídos decidieran atacar, pero no, no es eso. Es cierto que es precisamente el miedo a la rebelión del oprimido el que nos hace revolvernos en nuestros asientos, inquietos por una realidad en la que convivimos con un susto continuo ante la posibilidad de una nueva chispa de la historia que desencadene un cataclismo. Pero ciñéndonos al relato fílmico, Joker no es consciente de desencadenar nada, o mejor dicho, conscientemente no desencadena nada, lo que no lo hace menos aterrador, sino todo lo contrario. Joker no asesina impunemente en el metro a tres hombres de éxito simplemente porque pertenezcan a una clase superior; se defiende de un linchamiento y de una muerte casi segura. Lleva pistola no porque sienta la necesidad de usarla, sino porque alguien -más consciente del peligro de interpretar correctamente la violencia del sistema- se la pone entre las manos. Luego dirá que fue porque cantaban mal, y eso sabemos lo que significa; cuando la violencia ya se ha desencadenado, no importan las causas, porque el placer que otorga la capacidad para infligir dolor convertirá en irrefrenable el deseo de seguir haciendo daño, y ya sin importar mucho a quien.  Lo inquietante de la película tiene que ver con la capacidad como espectadores para reconocer un contexto de violencia sistemática producto de una desigualdad social que ya ha alcanzado su umbral soportable, lo ha traspasado ya hace tiempo. La población oprimida ha actuado con pasividad ante el saqueo de un sistema económico depredador y quizá el mensaje sea muy claro, terroríficamente evidente, pues quizá nos obliga a cuestionarnos si vamos a soportar la burla y el linchamiento pues ¿qué otra cosa son los desahucios, los recortes extremos en sanidad  o el desprecio explícito hacia las víctimas de la violencia? Hay momentos fantásticos en la película, primeros planos absolutamente magistrales a nivel interpretativo, uno de ellos por ejemplo cuando Joachin Phoenix -porque aquí,  para mi, no habla el Joker- le dice a la asistenta social, No me escuchas, verdad?. Ahí está la cosa, amigas. Escuchar, hoy día puede sacarte de la carretera. Aterrador. 

lunes, octubre 07, 2019

Calibán y la bruja, Silvia Federici

   Con Calibán y la Bruja, Silvia Federici ha hecho mucho más que un libro. Estamos ante un texto académicamente impecable, esto es indudable para toda persona que sepa reconocer y valorar el uso del método científico en el ámbito humanístico. 
   Es necesario comenzar por aquí, ya que es precisamente en la Academia donde se sospecha de investigaciones, que por su radicalidad, el feminismo siempre lo es, o por su su novedad, son susceptibles de prejuicios o excesivo recelo en su recepción. Sorprendentemente esto no parece ocurrir en los estudios de ámbitos científicos convencionalmente conocidos como ciencias “duras”. En estos casos ocurre a la inversa, tiende a valorarse mucho más lo novedoso y lo que sorprende por inaudito, es decir todo lo que puede ser etiquetado como un “nuevo descubrimiento”. Pues bien, Caliban y la Bruja viene a ser este texto excepcional al que podemos aplicar el rótulo de revolucionario, de descubrimiento.
   Si tuviera que ofrecer una sóla razón para recomendar su lectura sería la de que por vez primera, se hace una lectura de un fenómeno histórico tan (mal) conocido como la caza de brujas en clave de genocidio, o de feminicidio, para ser más exactos. 
   En mis años de universidad el fenómeno de la caza de brujas estaba siendo revisado por primera vez desde el ámbito académico con una rigurosidad más que aceptable, como demuestra la rápida traducción de la obra de Gustav Henningsen, El abogado de las brujas, lectura obligada para mi promoción. Henningsen en los años ochenta llevaba ya dos décadas estudiando este fenómeno en Europa. Habia venido incluso en los años 60 a Galicia a estudiar la brujería en nuestro territorio. De modo que como historiadora, al leer a Federici mi referencia era Henningsen. Me sorprendió la inexistencia de citas a su obra, siendo el investigador una de las máximas autoridades en el tema, de modo que me asomé de nuevo a las páginas de El abogado de las brujas. El resultado fue la constatación de lo que ha supuesto el cambio de paradigma con la introducción de la perspectiva de género en la interpretación de las fuentes. 
   Pero volvamos a la idea principal. Hablábamos de genocidio. Federici, habla, desde el inicio del texto de una deliberada estrategia de eliminación de la fuerza reproductiva como elemento estructural del fenómeno de acumulación primitiva que dio origen al capitalismo. En otras palabras, la autora logra que veamos el fenómeno de la caza de brujas, desde una óptica totalmente diferente a la que impera todavía de forma unánime en nuestros días. La persecución de las brujas, las delaciones masivas de mujeres sospechosas de tratos con el diablo y de asesinatos de niños y malas cosechas, y su posterior ejecución en la hoguera como castigo ejemplarizante para coadyuvar a la política de terror (la doctrina del shok que tan bien estudió Naomi Klein tendría aquí uno de sus puntos fuertes) fueron un elemento fundamental, imprescindible para el arranque del nuevo modo de producción capitalista.   
   Calibán y la bruja, como crítica feminista del marxismo, constituye una demostración de la vigencia de la dialéctica marxista de la lucha de clases en el análisis histórico de la evolución económica. No se trata, como algunos críticos pretenden, de una deficiente interpretación de Marx. La desconfianza que pueda suscitar el texto de Federici será, sin duda por su contundencia y claridad, no por un deficiente uso de la metodología en su análisis. Caliban y la bruja, en este sentido, es un tratado económico, en el que el fenómeno de la caza de brujas es un factor más de un modo de producción. En este sentido, Federici apunta a que el exterminio de mujeres que se produjo en europa en los siglos XVI y XVII, fue una operación de expropiación más dentro del contexto de cercamiento de tierras necesario en el momento de transición al capitalismo. La expulsión de los campesinos de sus tierras, para dirigirlos a una economía del salario sólo fue posible con la supresión de los terrenos comunales que hacía posible la vida de las clases más desfavorecidas. La rebelión del campesinado se manifestó de muchas maneras, y desde luego la proliferación de modos alternativos de vida, enseguida criminalizadas como herejías y sectas que había que exterminar, son sobradamente conocidas. Las mujeres en este contexto representaban un enemigo a combatir también, puesto que detentaban el control de la reproducción de la fuerza de trabajo. Desde el ámbito de la religión y la política se trabajó conjuntamente para apuntalar el tránsito a un modo de producción en el que no representaba ninguna ventala la existencia de mujeres con conocimiento y capacidad para intervenir en la natalidad y por tanto en la fuerza de trabajo. No olvidemos que la gran mayoría de las perseguidas por brujería eran acusadas de matar niños, siendo las comadronas particularmente las más perseguidas. Como ocurre en tantas otras ocasiones, el relato sobre la caza de brujas que nos ha llegado está plagado de inexactitudes debido en gran parte al exterminio de las voces de las víctimas. Los archivos presentan enormes lagunas y los estudios que se han realizado hasta hoy, en su mayoría, no están basados en datos rigurosamente analizados sino en una transmisión interesada siempre reacia a incluir cualquier perspectiva de género en la cuestión. Pero afortunadamente, Calibán y la Bruja ha llegado en un momento en que ya tenemos reflexiones e investigaciones sobre la violencia institucional como la de Foucault, y desde luego ya contamos también con investigaciones rigurosas que desde numerosos ámbitos de conocimiento han ampliado el horizonte interpretativo de los datos. 
   Desconfiar de textos como Caliban y la Bruja por su declarada intención de reivindicar el papel de las mujeres como elemento determinante en la conformación del capitalismo sería como desconfiar de El Capital por tener una visión sesgada debido al interés de Marx en rescatar la importancia de la clase trabajadora.  

Que ya podamos representarnos el fenómeno de la caza de brujas como un auténtico genocidio no lo hace menos grave, pero quizá nos permita observar el pasado y el contexto actual desde una perspectiva nueva. Una perspectiva en la que el fanatismo se descubre como el auténtico peligro y el camino más próximo y llano para la producción de muerte y violencia. Cuando le encargaron a Elie Wiesel que elaborase un discurso conmemorativo de los juicios de las brujas de Salem, una vez más en su vida, el superviviente del holocausto tuvo que reflexionar sobre el origen, las causas de esta maldad extrema. Su conclusión era estremecedoramente clara. El fanatismos es el mal, porque es demasiado fácil ser fanático, es demasiado fácil creer a un niño que dice haber visto al diablo o a una bruja, es demasiado fácil creer a un juez que dice actuar n nombre del bien y de la justicia. El fanatismo, desde su punto de vista sería el auténtico demonio. Peter Hayes, en su reciente libro sobre el holocausto nos advierte que mostrarnos incapaces de concebir un horror de tal magnitud como el holocausto –válido para el fenómeno de la caza de brujas, si somos capaces de concebirlo como tal- es una actitud con la que intentamos hacer hincapié en la propia inocecia, como si nos quisiésemos desmarcar del mismo. Pero esto no es posible, sino todo lo contrario, estas actitudes nos bloquean y nos incapacita para extraer consecuencias útiles, por lo que para comprender intelectualmente este genocidio enfrendarnos a la información de manera valiente y rigurosa. Esta es precisamente la sensación que tengo después de leer a Federici, creo que entiendo mejor tanta muerte y tanta violencia porque la autora mismia ha manejado la ingente bibliografía sobre el tema desde una óptica novedosa en la que se analiza el contexto cultural de Occidente de una manera global incorporando factores religiosos y sociales pero también y sobre todo de naturaleza económica, porque es precisamente el modelo de distribución de la riqueza lo que determina en ocasiones el reglamento moral de las comunidades. 
   En el caso de la caza de brujas, lo primero que debemos de hacer es devolver la dignidad a tanta victima inocente despojando el tema del elemento folklórico y festivo que aún lo deforma, banaliza y esconde para su correcta interpretación. 
   La lectura de Calibán y la bruja se nos antoja como un acto de reparación y de justicia. 

PD. Este texto forma parte del proyecto "Reseñas" de la Biblioteca de la Escuela de Ingeniería Industrial de la Universidad de Vigo, que acompaña a una exposición artística y bibliográfica.  

lunes, mayo 27, 2019

Inédita supervivencia

©Ana Bande.
Bob, amigo, he leído la reseña de tu inédito. No es nada fácil escribir sobre algo tan absolutamente límite como lo que he tenido entre las manos. Aquí está la vida hecha palabra, y la muerte, por supuesto, y los espacios intermedios. De la vida se puede hablar mucho y de tantas, tantas maneras; con mucho o poco arte; con conocimiento o con petulancia; con competencia o con complejo; se la puede mirar, a la vida, desde los intersticios de incontables e infinitas hojas de infinitos bosques, y la vida siempre es la misma. De la muerte, al no poder ser concebida de otra forma que como su exacto opuesto, como una no existencia, es, para los que estamos condenados a vivir en coordenadas espacio-temporales ad aeternan, simplemente eso, la negación, la ausencia de forma. Los espacios intermedios, los estados de paso, las fronteras entre lo uno y lo otro, son las topografías por las que viajas y desde donde nos hablas. No habrías entrado en esa zona inexistente por voluntad propia, digamos que te has desconectado por azar, y eso te ha llevado al otro lado. Eres como un viajante que ha llegado de un lugar al que no fue, pero casi, un lugar insólito del que no queremos saber nada y del que si se vuelve uno lo hace también de una forma totalmente imprevista. Nos hablas, Bob, de un mundo que no conocemos, así que tienes que tener paciencia si no te entendemos a la primera. En una de tus mil vidas has sido un brillante profesor, de eso no cabe duda. Tu texto tiene esa irrefrenable pulsión de conocimiento, que atrae tanto por el placer que otorga la fertilidad que le procura su contacto a un ánima curiosa como la tuya, como por el gusto que se experimenta al tratarlo como pura materia creadora con la que dar forma a una obra, a un discurso. Que esto no lo haces por el mero afán de terapia no sólo lo intuiría por haberte conocido. El egoísmo no está entre tus pulsiones de vida. Escribir un texto como terapia no le convierte a uno en creador, lo mismo que actuar en una obra de teatro no convierte a una persona en excelente intérprete. No sé, además, si puede considerarse buena terapia un continuado esfuerzo por recrear un proceso doloroso. Perdona todo este exordio, porque creo que sólo te interesa lo que yo pueda decirte como lectora neutra y medianamente advertida, en esto de lo literario. Pero este texto tuyo me incumbe más de lo normal; soy una lectora cuando menos, un poco privilegiada puesto que puedo poner nombre a hechos, razones, personas, crímenes y romances que sólo se tocan por encima, porque aquí lo necesario es dejar hablar al autor, narrador, o a la vida que lucha por reexistir. No interesa salirse a las ramas de la vida cuando hay que asegurarse una mínima raíz que le sujete a uno a la existencia. Pero que hay ramas está muy claro, aunque sólo las dejes apuntadas con una pincelada delicada; son ramas que pueden ser pesadas y poner en peligro de muerte, otra vez, delicados equilibrios sólo recuperados con años de trabajo y sufrimiento, por eso está bien que queden así, dibujadas someramente. Has hecho bien en eso, y en no ponerles nombres también. Cada uno que se cubra con sus harapos, ya tiene uno bastante con su propia desnudez. Me vengo para este lado, y desde aquí te hablaría de la oportunidad de un texto como el tuyo en un momento en que la autoficción es una etiqueta que está rotulando decenas de obras mucho menos rigurosas, signifique lo que signifique eso de autoficción y si tiene algo de sentido más allá de lo comercial. En este sentido, Bob tendría que tener una buena acogida, aunque no te fies de mi criterio, yo puedo perfectamente ser ya un fantasma en este mundo de lo digitalmente desemocionado. Me gustó saber de ti porque fuiste una revolución en tiempos postrevolucionarios. Fuiste sólido en una superficie fangosa que se resiste a cargar con el peso de los principios. Se resisten a tu memoria porque recuerdas mucho a lo animado en un panorama de cartón piedra que no respira ni con tubos, así que tu exilio es tu vida y la de todos los que luchan anónimamente por volver a la posición correcta, aunque sea con el cuerpo del revés. 

lunes, abril 29, 2019

Un apartamento en Urano, Paul B. Preciado.

Hay libros con los que no conviene acostarse. A menos que se quiera tener sueños tan absurdos como la anodina rutina diaria de un día cualquiera. Este es un libro para mentes de largo recorrido; mentes de esas que van y vuelven y vuelven a ir y venir sin cansarse nunca, porque el viaje siempre es distinto, siempre es otro viaje. Es un libro para incómodos, para libertas manumitidas y esclavos de corazón. Es decir, para seres que ansían lo inexistente, lo que queda justo en la linea de punto, raya, punto, raya, que divide países o cuerpos, que es lo mismo. Beatriz se hizo su cuerpo, y por tanto su texto. Un texto errático que tiene uñas que se vuelven garras, y se vuelven ángeles, y se vuelven mentes en blanco y mentes ocupadas. Lo más exacto sería decir que este libro es la pura necesidad materializada en una filósofo oráculo que puede que se equivoque en cada frase, pero son las suyas palabras que se forjaron con el ímpetu de lo orgánico. Paul es irresitible, como todo lo inalcanzable, porque  sabemos que jamás lo poseeremos. Nunca tendremos el valor de desalojarnos de nosotras mismos ni de abrirnos de par en par para construir ese gran angular desde el que Beatriz P. nos muestra el foco que deslumbra la mirada de un mundo aturdido e insensiblemente relegado a la luz o a la sombra (ambas deslumbran por igual) de la única posición interesante, que es la línea que las separa, la línea que nunca supo dibujar ni la mano más diestra de la pintura. Somos lugares ocupados, desde los que podemos ser desalojados en cualquier momento, y por ello actuamos. Ayer mismo, la jornada electoral se debatió entre decenas de miedos a ser desalojados y deshauciadas. Triunfó el miedo al hombre del saco pero no como miedo creativo y dispuesto a ser una fuerza reafirmatoria de razón alguna. No. Fue miedo al hombre del saco porque es el hombre de siempre, el que se pinta con la misma mueca aburrida y siniestra del joker. Beatriz P. y Paul B. se desalojan a si mismos y en ese desalojarse van contándonos los cambios de luz pero identificando el puño que sostiene la linterna. No hay que acostarse con Paul ni con Beatriz, porque observar esa mano puede hacer que tengamos que repensar mucho. Por ejemplo, si la violacion es un acto personal o institucional, por poner un ejemplo. Si pudiera leerte Paul en clave de humor, apuraría la copa.

martes, abril 23, 2019

Quiñonero desde París, visiten su web, es información humana, en un mundo deshumanizado

Foto. Quiñonero.
“¡Lo que tenéis que hacer es suicidaros..!” gritaban con frecuencia los chalecos amarillos más violentos. Invitación al suicidio que coincide con una crisis profunda de las fuerzas del orden, víctimas de ataques de angustia intima y social: un gendarme, policía o anti disturbios francés se suicida cada dos días, desde principios de este año. Esa ola de suicidios se ha transformado en un drama que las fuerzas del orden viven con callada angustia, coincidiendo con la “rutina” de los estallidos de violencia semanal.

Esta angustia que transmite Quiñonero sólo puede rebajarse hasta hacerse soportable por su misma actitud...sus palabras no sólo son un consuelo, son un grito desesperado que nos ancla a la única salvación posible, la búsqueda de la belleza, que no es sino el bien. Estas son sus humildes y cálidas palabras. A ellas me sujeto:

Mi paisano Ramón Gaya dice en algún lugar que la realidad, la naturaleza, son sagradas… Observando lo real, amando lo real, incluso en sus rostros menos amables, es donde yo encuentro la razón de casi todo, que no siempre es muy amable. Pero incluso en la más rematada fealdad es posible encontrar rastros, huellas, destellos de algo sagrado, indisociable de nuestra naturaleza, cuando está habitada por el alma de las palabras, el Verbo, que también puede ser cosa visual. Véase Goya, claro. 

¡Gracias J.P.!

UNA TEMPORADA EN EL INFIERNO

viernes, abril 19, 2019

Armonías y suaves cantos, de Anna Beer






Casia de Constantinopla


Gracia Baptista
monja española. La primera mujer en ver publicada su música (1557)


Magdalena Casulana



Francesca Caccini






Barbara Strozzi






Elisabeth Maconchy



Elisabeth Jacques de la Guerre




Marianna Martines



Fanny Hensel



Clara Schumann



Lily Boulanger


Johanna Kienkel





Rebecca Clarke




Amy Beach. Sinfonía Gaélica.