jueves, mayo 28, 2020

Cuaderno de J. Perianes. La caída es libre (post post)


J.Perianes. Galería Max Estrella
Cuatro líneas y ya tenemos una historia. Así es el dibujo. Sencillo y pertinente. ¿Qué es la perspectiva? Una cuerda y un clavo. Y ya está. En este cuaderno de J.Perianes está la sencillez del trazo certero que dibuja confinamientos inauditos. El desasosiego de lo real se hace dibujo que provoca una cierta paz, como de la materialización de la incertidumbre imposible de expresar con palabras. Y a la vez un toque de suave comicidad que hace digerible lo descomunalmente anormal. Porque no hay miedo. Son unos trazos seguros que confirman lo inteligible de este contexto desconcertante. Y ahí, en este punto, en esta comprensión de lo que todos parece dar por paranormal, por distópico, encuentro la mano que nos tiende el arte en el abismo. Hay ciertas claves, ciertas seguridades, y quizás porque son tan evidentes, nos insultan al reconocernos como  perfecctamente ciegos. Podemos sentirnos parte de una comunidad infame y no solidarizarnos con la estupidez. Y esto, creo que consigue transmitirnos alguno de estos dibujos. No es poco. Y hacerlo con nitidez, con gracia, con cierto temple que da consistencia a la ingravidez. (la caída es libre. El subrayado es mío).
Buen proyecto el de la Galería Max Estrella.

jueves, abril 09, 2020

Inmunidad de rebaño. La sociedad del desconocimiento

Cada día mueren cientos de personas como consecuencia directa de un mundial y monumental fallo de sistema. El mundo se ha despistado desde hace más de dos décadas, más o menos desde la introducción masiva de las tecnología de la comunicación. Mirar pantallas compulsivamente nos ha hecho perder el tiempo necesario para mantener la profesionalidad en nuestros trabajos. La libertad que hemos disfrutado ha sido consecuencia de un espíritu crítico producto de la revolución de las luces, de la inteligencia, del prestigio de la creación. La creación no tiene apellido. Es arte, es música, es diseño, es invencion de nuevas herramientas y es descubrimiento de nuevas fórmulas para vivir mejor, cuidándonos y cuidando el entorno, que es lo que hace posible la vida. Pero nos hemos despistado; los millones de horas escamoteados a la investigación de verdad en pro de una impostura para estar a la última en cualquier especialidad, en cualquier ámbito del conocimiento se cobran su precio. Lo estamos pagando. La mercantilización del saber vía acumulación del capital cientifico a manos de multinacionales del sector editorial ha dificultado, imposibilitado el acceso a la información mínimo que exige toda tarea de investigación: el análisis previo del conocimiento existente para avanzar el campo de investigación. (quien puede atreverse ahora con repositorios en abierto -este es otro tema- que ofrecen 15.000 artículos sobre coronavirus? La supeditación de la investigación a la obtención de un currículum diseñado con poca empatía por lo social y lo auténtico ha hecho el resto. Y ahora desaparecen vidas. Pero tan grave, si cabe, porque seguirá siendo la garantía de la desaparición de más vidas, es la desaparición de ideas. El sometimiento, la obediencia, la falta de espíritu crítico, ya obsesivamente menospreciado por la frivolidad de las redes sociales, está convirtiendo incluso a las personas más intelectualmente inquietas, en individuos temerosos de ofrecer una opinión contraria a la idea dominante. Y la idea dominante se expresa con metáforas bélicas. Nos hemos deslizado por la pendiente del algoritmo y quizá el rebaño inmune no tenga otra visión en el horizonte que  la obsesión por no quedarse atrás en una brecha digital de la que ya no hablaba nadie. Era un concepto demodé. Todos parecíamos estar en la onda. Y no, claro que no. Hay alumnos que no tienen medios para seguir clases virtuales, hay miles de trabajadores que no pueden teletrabajar porque la vida no es estar conectado a un ordenador. Están en riesgo las ideas, amigas y amigos. La ideas son todo lo contrario a un "me gusta" o a la repentización y repetición de unas notas ajenas. Si no compenemos no habrá música. Las notas estarás sólo al servicio de sintetizadores preprogramados para atolondrarnos con monótonas sintonías. Las ideas son la vida, los laboratorios son la vida, las bibliotecas son la vida, los libros son la vida, las ideas originales de los que han pensado antes que nosotros, son la vida. No somos seres virtuales, no somos rebaño; atrevámonos a seguir pensando por nosotrxs mismxs y sobre todo, atrevámonos a escribirlo y debatirlo. Adelante!!

jueves, abril 02, 2020

El presente


Tenemos el presente, y tenemos el pasado. Eso, por mantenernos fieles a la creencia en la existencia de un tiempo lineal, porque en alguna seguridad tenemos que anclarnos para observar el paisaje. Son dos elementos sobre los que reflexionar, pero parece que no hay tiempo. De modo que, sin querer, hemos girado, ya no estamos en la linealidad. Pero disimulemos, mantengámonos firmes para doblegar esta línea que ya no nos da seguridad pero es la que tenemos. ¿qué hacer? Las reflexiones, de las mentes más entrenadas en el pensamiento y la especulación filosófica más conocidas, Zizek, Byung-Chul Han no me convencen, cuando sólo hace unas semanas me deleitaba y complacía en sus lecturas. Ahora  parecen insostenibles. Por una vez me convencen más mis afines, mis compatriotas (a mi, que la patria nunca me emocionó lo más mínimo) como  Arnau Navarro en "la hora de la filosofia", o Muñoz Molina, en El regreso del conocimiento. Tengo pocas seguridades en la vida, pero esta de que el virus se coló por el despiste generalizado y la estulticia mundial no la pongo en duda. Llevamos, al menos 20 años despistados, haciendo como si todo diese absolutamente igual, perdiendo interés en nuestras profesiones y en los valores que nos sostienen como comunidad. La belleza y el bien son rasgos del mismo rostro que el de la sabiduría. Hemos perdido cuando dejamos que se invirtiese la pirámide de valores. Y la cosa se perdió cuando le hemos transmitido a nuestras hijas e hijos esta apatía. De modo que la generación que está ahora al mando, por decirlo muy vulgarmente, es la que ha sido educada en ese desierto de lo real. La filosofía es lo único que nos puede salvar, porque como sostiene Arnau, si no hacemos las preguntas que interesan, la ciencia no se pondrá a especular para obtener las respuestas. Pero ¿hay alguien en el ágora escuchando?. He vuelto a facebook, una red de la que huí despavorida en 2008 y no me reconozco en los miles de comentarios que en esta situación de supervivencia siguen hablando de intereses políticos, intereses económicos y falta absoluta de piedad. Mi abuelo, si te quedabas mirando un objeto, recuerdo, se levantaba y te lo acercaba. Mi madre se mostraba contrariada por no poder visitar a enfermos desconocidos. A mi siempre me pareció exagerado ese afán de mis ancestros del bien por el bien, como el arte por el arte; hasta ahora no supe que era la clave de la supervivencia. Una palabra esta, que una amiga, L. mencionó hace un par de meses antes de la pandemia para animar a mi comunidad universitaria a recuperar el valor de la información científica y la colaboración como elemento de salvación. Se rieron. Que broma macabra, porque estoy segura de que ella, la más desvalida, la más ignorada y vulnerable, estoy segura de que sobrevivirá. Porque la sentatez salva. Un abrazo a todas y todos. Seguiremos por aquí. Siempre aportando. 

PD. los comentarios, como la mayoría me los hacéis llegar por whatsapp y considero que son voces siempre sensatas, los comparto, aquí; los blogs, lamentablemente han pasado casi a ser arqueología, pero es necesario levantar piedras, así que ¡vamos allá! 

viernes, marzo 27, 2020

Cuento: Evi y el hombre de hojalata

Echo mucho de menos estos días a las personitas, a los niños y niñas que nos alegran la vida. A ellos dedico este cuento que hace ya muchos años me inventé para mi hija. Es un cuento interminable, porque podemos tirar de muchos hilos. Creo que os gustará la historia de Evi. Si es así y os apetece os invito a hacer un dibujo del hombre de holalata y enviármelo. Los iré poniendo aquí y seguro que nos divertirá muchísimo ver todas los dibujos juntos


lunes, febrero 03, 2020

La melancolía en tiempos de incertidumbre, ( II )

imagen: the Threatened Swan; Interpreted later as an Allegory on Johan de Witt. [óleo sobre lienzo, 1650]. Imagen editada a partir del original facilitado por el proyecto RijksmuseunStudio



(...) La filósofa reconoce que su ensayo es resultado de la preocupación que le produjeron los resultados de la investigación de la científica Trudy Dehue, sobre la depresión en su libro De-depressie-epidemie (la epidemia de las depresiones). 
La tristeza, es una emoción que no está de moda, no cabe ninguna duda; hoy todo el mundo presume de tener una vida plena, feliz e interesante. Es curioso, porque mostrar irritación, ira o violencia tiene su punto de fascinación -los haters están de moda- pero exhibir angustia, tristeza o preocupación puede acarrear un rechazo insoportable para la mayoría de las personas. ¿o será precisamente al revés? ¿no será la ira, el resultado precisamente de la represión de la tristeza?. En todo caso, el fenómeno es palpable. Dense una vuelta por facebook y contemplen y contémplense con la objetividad que puedan, verán lo espantosamente ridículos que podemos ser cuando ya la indentidad propia no es esa persona que fuimos construyendo poco a poco engarzando valores, emociones, lecturas o experiencias, sino un producto con el que regateamos en un mercadillo social al que acudimos aterrados por el miedo a la soledad de encontranos con nosotros mismos. Porque la soledad y la tristeza son una pareja indisoluble, que funciona bien sólo cuando se tiene una elevada idea del sí mismo que nos hace insobornables. Y las personas insobornables no saben regatear, se dejan desvalijar por una frase perfecta, un paisaje, una caricia o un pensamiento. Ojalá la cara positiva del Brexit se extendiese hacia un Facexit más que necesario . (...)
fuente de la imagen en diario.es
 (interesante entrevisa con la autora)

La ciencia, de momento no garantiza la eficacia de los fármacos en el tratamiento de los estados depresivos; persistir en un abordaje exclusivamente neurobiológico no ofrece soluciones. Estamos en un mundo científico, así que el enfoque filosófico de la melancolía clásica y de la depresión moderna propuesto por Hermsen, no goza del mejor contexto para su recepción, pero si queremos evit
ar la variante patológica de la melancolía que aparece cuando predomina el sentimiento de angustia frente a la pérdida, nos conviene tener en cuenta otros enfoque, ya que hoy estamos peor preparados que nunca por el debilitamiento de estructuras (familia, estado, religión) que hasta hace poco gozaban de más prestigio y eran más eficaces en apoyo a las personas en situación de angustia. Hoy estamos peor preparados que nunca para afrontar situaciones que requieran el cuidado y apoyo del entorno. Y una de las razones para que esto ocurra es el continuo recurso a etiquetas de identidad, como fe, clase, raza o sexo, a las que se refiere Kwame Anthony Appiah en Las mentiras que nos unen, que prococa la división del mundo en grupos que se hostigan continuamente. A nivel individual, además, la absoluta dependencia de tecnologías de comunicación que nos encasillan, etiquetan y limitan con el imperio del "me gusta", nos convierte en presas de nuestra identidad digital, pues nos incapacita para la crítica, pues la diferencia se interpreta siempre como una ofensa y no como una oportunidad para el debate, que es la lógica en que debe basarse todo sistema democrático. 


viernes, enero 31, 2020

La melancolía en tiempos de incertidumbre, Joke J. Hermsen ( I )

Pudo ser el airado cisne de la portada el reclamo que me empujó a adquirir este bellísimo ejemplar, o una reseña leída al vuelo en la que se mencionaban los emblemáticos nombres de mis queridas y admiradas filósofas. Si, eso fue, ahora lo recuerdo; en algún sitio leí que la autora era conocedora de Arendt y Salomé, dos magníficas (en tu nombre, María Jesús, maestra) y corrí a la Casa del Libro con una urgencia un poco incontrolada.

Es enigmático el cisne, y hermosísimo además este del cuadro de Asselijn que nos remite directamente a la ira de la que hablaba el libro de Pankaj Mishra. El cisne airado es una metáfora perfecta de esa furia con la que reaccionan hoy la mayoría de las personas cuando alguien no comparte su opinión. Mostrar desacuerdo se interpreta casi siempre como una ofensa, por eso el autor hindú eligió esa palabra, ira, para definir el mundo actual; una época en la que el resentimiento parece ser el factor determinanate de la extrema conflictividad y violencia. Hermsen también trata de desentrañar las causas de la tensión en la que vivimos, y las encuentra en la transformación de la melancolía en el miedo y agresividad con que reaccionamos cuando nos sentimos amenazados por peligros, sean estos reales o imaginarios. Es muy revelador que estos dos libros, de extraordinaria erudición y profundidad de análisis coincidan en los presupuestos básicos de sus conclusiones. También es tranquilizador, pues conocer las causas del problema es la única vía para diseñar posibles soluciones.


No es difícil de entender, además, que ante una situación de carencia, desigualdad y violencia, la ciudadanía se sienta amenazada, y que ese miedo, combinado con una deficitaria capacidad de análisis empuje irremisiblemente a buscar chivos expiatorios siempre eficaces para manipular a una poblacíon incapacitada y remisa para enfrentarse con análisis mínimamente complejos.

Los populismos autoritarios asoman de nuevo por las costuras de nuestros frágiles sistemas democráticos para ofrecer las cabezas de los presuntos culpables que les permitan narcotizar a una población previamente amedrentada y conseguir así la sumisión que nunca soñarían obtener de una ciudadanía despierta intelectualmente y con capacidad crítica para juzgar por sí misma el contexto en que se desarrollan sus vidas.

El perro que amenaza al cisne de la portada no es el Islam; no se trata de un conflicto de civilizaciones, pero tampoco es el "ilegal", el "inmigrante", el "refugiado" ni el "buscador de fortuna", nos dice la autora. No es el homo sacer, que los engloba a todos del que habló Agamben, ni el poscrito a quien en el imperio romano desterraban de la polis, arrebatándole todos los derechos y condenándolo a vivir en la ilegalidad. Estos son los chivos expiatorios que tienen que pagar por nuestro miedo al terrorismo, por el cambio climático y por nuestras crisis financieras, y además, los hacemos cargar con la culpa de nuestra pérdida de identidad y de la desaparición de nuestras tradiciones. En la base de esta situación hay un malestar en la ciudadanía que la autora relaciona con un profundo estado de melancolía que se refleja en el elevado número de personas que sufren algún tipo de depresión. Históricamente, desde la acedía medieval hasta la depresión actual pasando por el Weltschmerz y el spleen del siglo XIX, siempre se ha nutrido de sentimientos de miedo, carencia o pérdida. Pero el estado de melancolía,  nos previene Hermsen, puede derivar por dos pendientes de consecuencias bien distintas. Podemos sentir el deseo de buscar lo que hemos perdido y de esta forma estimular nuestra creatividad, o bien alimentar nuestro sentimiento de nostalgia desconfiando del presente y temiento al futuro, convirtiéndonos en pasto de los populistas que apelan a este sentimiento para hacerse con el poder. Esto es lo que está pasando en Estados Unidos -en donde Trump se percató de la eficacia del slogan make merica great again-, como en Europa, con líderes que proliferan prometiendo proteger identidades nacionales frente a amenazas externas. La autora insiste en la importancia de este sentimiento de pérdida y nos ofrece en su ensayo un sustancioso devenir de la melancolía desde el arte, la música, la historia o la filosofía.


TEXTO COMPLETO. Nosotros los refugiados, Hanna Arendt

jueves, enero 30, 2020

Los orígenes del totalitarismo, Hannah Arendt. Relectura obligada.


Cómo en posible que Hanna Arendt parezca hablar con tanta nitidez de nuestro tiempo en su ensayo Los orígenes del totalitarismo, escrito en 1951?.

Joke J. Hermsen en su lúcido ensayo La melancolía en tiempos de incertidumbre, nos recuerda que tras las últimas elecciones presidenciales en Estados Unidos que dieron el poder a Trump, muchos comentaristas remitieron a este libro de cabecera sobre los totalitarismos con el que Arendt se consolidó como pensadora política, aludiendo especialmente a las siguientes palabras del prólogo:



"Este momento de tensa expectación es como la calma que sobreviene cuando se han extinguido todas las esperanzas. Ya no esperamos una eventual restauracion del antiguo orden mundial, con todas sus tradiciones, ni la reintegración de las masas de los cinco continentes, que se han visto arrojadas a un caos producto de la violencia de guerras y revoluciones y de la decadencia creciente de todo lo que ha quedado en pie. En las condiciones más diversas y las circunstancias más dispares, observamos cómo se produce un mismo fenómeno: expatriación y desarraigo en una escala sin precedentes. Nunca ha sido tan imprevisible nuestro futuro, y nunca hemos dependido tanto de fuerzas políticas de las que no cabe esperar que sigan las leyes del sentido común". 


En España nunca se leyó mucho a Arendt, pero tampoco a Zambrano, ni a Chacel, ni a Ortega, tampoco a Simone Weil, ni a Isaiah Berlin, ni a Lou Andrea Salomé [et.al.]; ojalá se cumpliera aquel consejo que Brosdky le dio a Vaclav Havel, de darle un libro a cada ciudadano, un sencillo acto que  bastaría para hacer de este un mundo mucho mejor. Tampoco estaría mal no llamarles bibiotecas a espacios vacíos ni devolver el dinero destinado a la compra de libros en nuestra biblioteca de la Universidad de Vigo a su destino, comprar libros y enriquecer el fondo bibliográfico, porque nunca, nunca dejarán los paniaguados de reclamar su ración por más democrático que sea nuestro sistema. Ojalá.


miércoles, enero 15, 2020

La edad de la ira, Pankaj Mishra


Pankaj Mishra (India, 1969) ensayista y novelista, doctorado en literatura en la Universidad de Jawahallal Nehru de Nueva Delhi y colaborador habitual en revistas como The New Yorker, The New York Review of Books, The New York Times Book Review y The Guardian, es autor de una extensa producción bibliográfica que comprende ensayos, libros de viajes, reportajes y novela. Su libro De las ruinas de los imperios (Galaxia Gutemberg,2014) le convierte en el autor no europeo más prestigioso al ganar el primio Leipzig Book Award for European Understanding. Por su origen asiático y su erudición en cultura europea, sus puntos de vista constituyen un original punto de observación de la actualidad. 

La edad de la ira, es un libro enmarcado en la disciplina de la historia del presente. En España, fue Julio Aróstegui uno de los teóricos que aportó más investigación en este campo. En un ya lejano 2005 pude asistir a unas excelentes clases del profesor sobre la historia de la violencia en nuestro país. Eran los primeros tiempos de la historia del presente y recuerdo lo extraordinario que me pareció en aquel momento poder reflexionar sobre la actualidad desde un punto de vista histórico. Desafortunadamente no seguí con mucha atención la deriva de la investigación académica de esta disciplina a partir de entonces. La desaparición del discurso histórico del debate de actualidad en un contexto de total marginación de las humanidades, fue tan implacable como nocivo; a la vista están las consecuencias de estas lagunas en el estudio y comprensión de nuestra historia en general y la reciente en particular. El conocimiento del pasado no constituye por sí mismo una garantía de políticas exitosas para alcanzar un futuro mejor, pero podemos estar seguros de que lo contrario es la deriva más eficaz hacia la confusión.  Niall Ferguson, suele insistir en las carencias de los docentes  de historia a la hora de enseñar de metodologías de comparación entre períodos históricos como causa fundamental de la falta de comprensión de la actualidad en relación con el pasado. Es evidente, por ejemplo, que la obsesión actual de asimilar la actualidad con los años 20 y 30 del pasado siglo, es un flagrante error. En nuestro país, a este déficit, habría que añadir, además, la enorme laguna que supuso la extinción del discurso histórico y filosófico producto del exilio de las personas académicamente más relevantes, a partir de la posguerra. Se sumó además el ocultamiento y marginación del estudio de la historia reciente de España en las aulas y en el debate, como consecuencia del miedo constante a desatar viejos odios que si persistieron fue precisamente por falta de explicación y de debate en torno al pernicioso tabú de la reconciliación nacional. Un círculo vicioso que no se romperá con el olvido sino con la comprensión, intelectualmente hablando, de los fenómenos históricos. En este contexto es especialmente relevante el libro de Mishra, porque hay un riguroso empeño de análisis del complicado mundo actual sustentado en el conocimiento del autor de diferentes contextos culturales y en unas fuentes bibliograficas abundantes y solventes. Me parece un libro no sólo de lectura obligada, sino de relectura constante, porque ofrece rutas eficaces para orientarnos en la confusión de los extremismos que nos sobrecogen: las desigualdades, la radicalización política, el fundamentalismo religioso, la competitividad extrema, el individualismo a ultranza, la violencia de género, la xenofobia, el ataque al medio ambiente o el terrorismo.  Un estado de ira generalizada para cuya explicación Mishra propone una revisión histórica que pasa por cuestionar las bondades de la ilustración; mover los pilares mismos en los que se sustenta la superioridad intelectual de Europa como paladín del progreso que ha de guiar al resto del mundo. Una crítica, otro intento más, es cierto, al eurocentrismo. Mishra se pregunta, y hace que nos preguntemos ¿dónde reside la explicación de tanta barbarie? ¿cual es el origen de esta ira que no cesa y que nos mantiene en un estado de miedo y perplejidad que por su intensidad produce una parálisis que amenaza con perpetuarse? La clave, parece estar en el resentimiento, un estado emocional tóxico y global que afecta a una ciudadanía que ha visto ya por demasiado tiempo frustradas sus esperanzas de conseguir las metas que proponía la política supuestamente más respetuosa con el ser humano posterior a la Ilustración. El resentimiento global de hoy produce los mismos monstruos que el de aquella primera globalización de finales del XIX. La política de retórica y gestos extravagantes, dice el autor, es la misma hoy que la aquel Gabriele D´Annuncio, el inventor del saludo nazi, cuando ocupa la ciudad de Fiume. La política xenófoba actual es la misma que llevó a ciudadanos franceses a masacrar a trabajadores inmigrantes italianos en 1893, o la que explicó el supremacismo de Estados Unidos contra los chinos, o la de Austria-Hungría cuando convirtieron a los judíos en chivo expiatorio. El terrorismo actual tiene mucho más que ver con una crisis global del capitalismo que con el choque de civilizaciones, un mantra que por su extrema simpleza se asimila mucho más facilmente por el conjunto de una población poco dispuesta a la autocrítica. Los fenómenos de violencia terrorista de hoy día tienen mucho más que ver con los cometidos por anarquistas y nihilistas del siglo pasado que asesinaban a jefes de estado que con diferencias religiosas de diferentes culturas. No parece fácil a primera vista, pero Mishra nos plantea las cuestiones desde una óptica muy ilustrativa. Hoy, como en 1916, vivimos en una atmósfera densa y venenosa de sospecha, codicia y pánico mundiales, (Rabindranath Tagore). La ultraderecha en auge en Europa no tiene una visión muy diferente de aquella que presentaba el Manifiesto futurista de Filippo Marinetti, admirador de D´Annunzio, cuando decía: queremos glorificar la guerra- única higiene del mundo-, el militarismo, el patriotismo, el ademán destructor de los anarquistas, las bellas ideas por las cuales se muere y el desprecio a la mujer. Queremos destruir los museos, las bibliotecas, las academias e todo tipo. La reciente violencia salvaje se parece, en palabras de Mishra "a la más larga y extrañas de las guerras mundiales: una guerra que se asemeja, por su ubicuidad, a una guerra civil global". Hay muchas cuestiones que es necesario repensar para entender este nuevo escenario de violencia global y el autor aporta interesantes ideas e indica la necesidad de plantearse las preguntas pertinentes. Avisa de que "desde versiones islamocéntricas del terrorismo está claro que no se va a encontrar la solución" y sostiene que las élites politicas de Occidente "se mantienen incapaces de abandonar su adicción a trazar líneas en la arena, en su empeño de cambiar regímenes y reconvertir costumbres autóctonas, reflejando así su incapacidad de saber lo que están haciendo ni lo que están gestando". Está claro que esta sobreactuación de las potencias mundiales encabezadas por EEUU -véase el reciente atentado contra Irán- hablando sin cesar de la superioridad de los valores propios, no va a aportar soluciones, sino más resentimiento, y por tanto, más violencia. Porque la sociedad comercial universal de individuos racionales que buscan su propio interés defendida originariamente en XVIII por pensadores de la Ilustración como Montesquieu, Adam Smith, Voltaire y Kant, no nos trajo la prometida civilizacion universal con su armonizada mezcla de sufragio universal, oportunidades educativas, crecimiento economico sostenido, iniciativa privada y progreso personal. Además, la globalización, según Mishra, ha debilitado formas anteriores de autoridad y ha generado imprevisibles actores internacionales, y tal como anunciara Hanna Arendt en 1968, parece que por primera vez en la historia, todos los pueblos de la tierra tienen un presente comun. Las bondades de un mundo interdependiente y globalizado, sin embargo, sí han sido utilizadas por los individuos del Daeshs y por los demagogos y líderes autoritarios de todos los colores en un contexto de políticas reactivas antidemocráticas en Francia, Estados Unidos y Reino Unido pero también en Tailandia, Filipinas, India o Israel. Y ante este mundo de imágenes habituales de medios de los políticos airados insultando a los inmigrantes y a los "otros", en el que el umbral de la atrocidad ha ido bajando, y aumenta el racismo, la misoginia y la demagogia del discurso, se revelan "los hombres del resentimiento" . El autor ve también reminiscencias de Nietzsche porque parece esta toda una tierra temblorosa de venganza subterránea, inagotable, insaciable en exabruptos, como afirmaba el filósofi, porque tenemos la sensación de que el mundo gira sin control. El libro adopta, pues, una perspectiva muy diferente de la crisis universal, alejando del islam y del extremismo religioso la carga de la explicación: los desórdenes sin precedentes que acompañaron a la aparición de la economia capitalista industrial de la Europa del XIX y que produjo dos guerras mundiales, totalitarismos y genocidios en la primera mitad del siglo XX, estaría infectando hoy a regiones más vastas y mayores poblaciones de Asia y Africa, que entraron en contacto con la modernidad a través del imperialismo europeo y se están hundiendo en la fatídica experiencia occidental de dicha modernidad. La crisis universal supera la cuestión del terrorismo. El enfrentamiento Islam/Occidente no explica los males y la violencia actuales, por lo tanto, deberíamos abandonar ya esta obsesión y centrarnos en las causas de un resentimiento global que transciende fronteras nacionales, religiosas y raciales.  Es evidente que una global desigualdad en la distribución de la riqueza ha levantado muros humillantes y que las comunicaciones digitales, que nos aproximan a todos, aumentan la capacidad para establecer comparaciones envidiosas en un ambiente de "solidaridad negativa", en palabras de Hanna Arendt, cada vez más claustrofóbica. Hay que tener en cuenta, además, que en el pasado, las situaciones de crisis y desigualdad extrema eran amortiguadas por instituciones como la famila, la comunidad o el estado, hoy mucho menos activas. 
De modo que deberíamos de prestar atención a las proféticas palabras de la filósofa, cuando advertía de un futuro marcado por un "tremendo odio mutuo y una irritabilidad universal de todos contra los demás". No está de más, bajo mi punto de vista, atender al extraordinario análisis de otro filósofo, este más olvidado, Max Scheler, sobre todo sus aportaciones para una fenomenología del resentimiento y en su reflexión sobre el vínculo de amor como raíz del espíritu personal y de la comunidad de personas, ya que sólo a la luz de éste aparece el rostro del otro en su aspecto más noble. Del libro de Mishra, además, tenemos que destacar un valiosísimo apartado bibliográfico del que ahora destaco únicamente las obras disponibles en castellano.

Bibliografía

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Arendt, Hannah. Los orígenes del totalitarismo. Madrid, Alianza, 2006.



Arendt, Hannah Hombres en tiempos de oscuridad. Barcelona : Gedisa, 2008



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Berman, MarshallTodo lo sólido se desvanece en el aire : la experiencia de la modernidad. Madrid, Siglo XXI, 1988.


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Ferro, Marc. El Resentimiento en la historia : comprender nuestra época  Madrid, Cátedra, 2009.




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Hughes, H. Stuart. Conciencia y sociedad. Madrid: Aguilar, 1972.




Kaplan. Robert D. La anarquía que viene: la destrucción de los sueños de la posguerra fría. Barcelona, Ediciones B, 2000. 



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Madariaga, Isabel de. Catalina la Grande: la rusa europea. Madrid, España-Calpe, 1994. 




Osterhammel, JürgenLa transformación del mundo : una historia global del siglo XIXBarcelona : Crítica, 2015.




Paglia, Camille. Sexual personae: arte y decadencia desde Nefertiti a Emily Dickinson. Madrid: Valdemar, 2006. 



Polanyi, Karl. La gran transformación : crítica del liberalismo económicoBarcelona : Virus, 2016.



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Tocqueville, Alexis de. El Antiguo Régimen y la Revolución. México, Fondo de Cultura Económica, 1966. 




Venturi, Franco El Populismo ruso. 




Weil, Simone. Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social




Yalal Al e Ahmad. Occidentosisonline












lunes, diciembre 30, 2019

After Piketty, Heather Boushey

fonte da imaxe
 
O Capital no século XXI, de Piketty converteuse hai tempo nun fenómeno editorial incuestionable. Que isto ocorra cun tratado académico de economía é, non cabe dúbida, síntoma de que a economía constitúe unha preocupación de primeira orde na actualidade. Ata certo punto isto é consecuencia, como é lóxico, da inquietude no ámbito académico e da inseguridade da cidadá perante as incertezas derivadas da gran recesión económica. Dado que o fenómeno Piketty  tenta ser un texto explicativo do estado do mundo, e non só da economía - de non ser así non se entendería tal éxito - temos que prestarlle moita atención ao seu contido, e dende logo situármonos no punto de escepticismo que toda predición dende este ámbito debe suscitar. Non creo que debamos axeonllarnos ante a contundencia con que nos falan as e os economistas. É certo que o enorme aparello científico co que se constrúe a teoría económica fai que estes tratados nos asoballen con gráficos e con estatísticas. Adoitan construír con eles modelos nos que semella que só a posteriori queren encaixar unha realidade que sempre é máis complexa. As variables non son doadamente cuantificables e polo tanto susceptibles dun tratamento metodolóxico convencional. Adoitan ignorarse por factores ou causas tan diferentes como unha moda determinada nunha área de investigación ou un xeito de ollar a realidade puramente convencional que non ten en conta determinados aspectos porque simplemente non interesan ou non se coñece a forza que puidesen ter na configuración da nosa sociedade e da nosa economía. No referente ao canon no ámbito económico, están as voces que dende a rigorosidade e a crítica nos obrigan a cuestionarnos os dogmas cos que aparentemente temos a obriga de construír a nosa visión, económica, neste caso, da realidade. Refírome a tratados tamén moi intrincados, ás veces, pero ben interesantes polo que teñen de desmitificadores como a Economía enmascarada de Steve Keen.  O Capital no século XXI de Piketty, ten sido xa moi sometido a crítica, dende logo, pero dende a perspectiva de xénero non hai, no noso contexto académico, moitos materiais para este debate en particular. Por iso é especialmente relevante Debatiendo con Piketty, especialmente a ollada de Heather Boushey, unha economista moi descoñecida aínda no noso país por non estar traducida, aínda que leva xa moito tempo investigando sobre temas de desigualdade no traballo e sobre conciliación familiar.  No seu capítulo de Debatiendo con Piketty preséntanos, en poucas páxinas, unha análise das teses deste economista dende un punto de vista completamente novo, aínda que sempre dende unha clara intención de complementariedade ás ideas do economista galo. A novidade da súa análise é que a autora observa a realidade económica dende unha perspectiva similar á de Piketty aceptando algunhas das súas premisas, como a existencia dun estado de desigualdade económica e unha interpretación orixinal sobre o mesmo atribuíndoo a un posible retorno a un sistema de “capitalismo patrimonial”, pero engadíndolle a nosa economista aspectos que, ao seu xuízo, lle faltan precisamente a Piketty por obviar enfoques e datos que tradicionalmente non se teñen en conta na elaboración dos discursos económicos canónicos. Tamén é novo por incorporar un punto de vista de xénero dado que existen evidencias, como o feito de que malia as mulleres, non computar no PIB, si que contan para a economía; de feito contan tanto que as consecuencias, tanto de aplicarlles un réxime particular e diferente no ámbito económico coma o de promover políticas de igualdade, son directamente responsables do crecemento ou do decrecemento económico. A tese central de O Capital no século XXI de Piketty, é que estamos a vivir unha volta ao “capitalismo patrimonial”, o que significa que o crecemento económico semella depender outra vez das rendas do capital máis ca das do traballo. Sen dúbida é esta unha declaración importante e para debater, porque de ser verificada significaría unha regresión a modelos económicos propios do século XIX e que xa dabamos por superados. De dar por certa esta hipótese, ou para demostrala, teriamos que atender á institución que fai posible esta acumulación do capital, é dicir, ao réxime das herdanzas. A proposta de Piketty é, dende logo, desacougante e contén, ademais, unha advertencia que considero moi produtiva na orde da investigación económica, porque reflicte que “ a distribución do patrimonio sempre ten sido profundamente política e non pode reducirse a un puro mecanismo económico ”. Nesta sentenza contense, non sei se ao seu pesar, unha invitación a dubidar de toda unha serie de tratados de economía que se teñen artellado case exclusivamente baseándose en modelos apriorísticos sen ter en conta outras realidades, quizais a realidade mesma. Na obra de Piketty hai unha ¿disimulada? proposta para que pensemos a economía dende unha óptica diferente, incorporando o papel das institucións e da política, é dicir, os xeitos en que nos organizamos como colectividade, como sociedade, e a súa incidencia no crecemento. Boushey acepta o reto, dende logo, ofrecendo unha análise sumamente interesante e complexa que paga a pena descubrir porque non só somete a crítica a metodoloxía e as conclusións de Piketty, senón que fai un percorrido pola teoría económica para incorporar o punto de vista feminista, amosando unha visión do futuro que poden agardar as mulleres. Boushey analiza a versión neoclásica da economía, optimista por natureza, e a súa posible repercusión nas mulleres. Neste sentido convídanos a repensar as sucesivas teses que dende Kunzets a Chang-Tai-Hsieh teñen insistido tanto en que o crecemento sempre, como se fose maxia, ten como consecuencia a redución da desigualdade. Boushey convence porque a súa crítica se constrúe conxugando, ou mellor dito, compaxinando, as afirmacións teóricas orixinais da economía canónica, someténdoas a debate, con datos reais que deberían sustentalas.  Por exemplo, no que atinxe á curva do crecemento de Kunzets, Boushey lémbranos que foi o mesmo autor da teoría o que recoñeceu que o seu modelo estaba máis fundamentado en “ilusións” ca en datos empíricos. No modelo neoclásico todos semellan coincidir en que nunha economía en que o capital humano (a preparación, a aptitude, a habilidade das persoas que traballan) é o que conta, nunca se xustifica o custo de desperdiciar talento con políticas pouco sensibles ao fomento da igualdade.  Con esta premisa, a clase política tería na súa man reducir a pobreza, e decidírse a incluír no sistema económico a todas as persoas que teñen sido tradicionalmente excluídas por razón de xénero ou de raza. Esta previsión de Boushey, aínda que dunha lóxica aparentemente incontestable, bátese precisamente nos nosos días coas políticas en voga de retroceso en materia de igualdade. Habería que preguntarse e reflexionar moito sobre este feito; sobre si realmente é o factor humano (a habilidade das traballadoras e traballadores) o que está actuando como estímulo ou motor de crecemento, nun momento como o noso en que tanto homes coma mulleres teñen unha preparación moi superior ás esixencias do mercado laboral e que ademais ou están no paro ou traballando en postos moi por debaixo da súa capacitación profesional. Na ollada pesimista que nos presenta Boushey, a escasa confianza que ofrece o crecemento como factor de inclusión é quizais onde reside o maior interese do texto. Aquí Boushey harmoniza as teses de Piketty coas do feminismo ao resaltar as metodoloxías que comparten (preminencia dos datos, avaliación destes e incorporación das institucións sociais como actores económicos), pero sobre todo interésanos porque sinala algunhas das estridencias daquelas teses, principalmente as derivadas das contradicións que supoñen o empeño de Piketty por romper coas teorías económicas modernas  e a súa simultánea incapacidade para crebar os modelos estándares que precisamente é o que critica. A partir desta lagoa Boushey incorpora a teoría feminista porque é precisamente empregando esta metodoloxía cando realmente se cuestiona o modelo clásico e canónico ao incorporar variables, datos e perspectivas novas. O feminismo económico, efectivamente, xa tiña recoñecido a importancia das ciencias sociais e das estruturas de poder nos resultados económicos. O feminismo económico tamén tiña xa feito unha crítica á metodoloxía do uso dos datos nas investigacións económicas, cunha crítica das fontes moi relevante, porque tiña sinalado que a unidade fiscal tomada, a unidade familiar, non era axustado, por non ofrecer datos desagregados que permitisen un estudo de calidade de determinadas institucións ou de factores tan relevantes como a importancia da raza ou o xénero na economía. Por outra parte, Boushey critícalle a Piketty que cando fala de capitalismo patrimonial está cometendo un erro de base, porque o emprego deste sintagma non é neutro ao referirse especificamente aos estudos das herdanzas a través dos pais, o que deixa fóra a posibilidade de observación da muller no estudo desta institución imprescindible á hora de tratar unha investigación rigorosa sobre o capitalismo patrimonial. Boushey, a partir de aquí, expón un contrafactual do libro de Piketty, porque refire os resultados aos que Piketty chegaría no caso de que empregase unha ollada de xénero no seu estudo. Boushey incorpora argumentos e perspectivas a unha investigación coa que comparte moitos argumentos pero que contén elementos que a limitan na súa capacidade de comprensión da situación económica do mundo actual, que é, en definitiva, o obxectivo de Piketty.  ¿Cales son estes elementos ou as súas fallas en O Capital no século XXI?. En primeiro lugar, e quizais o máis relevante, son os datos. Piketty emprega estatísticas tributarias, pero unha vez máis e igual que fixo co PIB, esta fonte non abonda porque para coñecer a evolución do proceso de transmisión de herdanzas é imprescindible ter en conta o proceso de incorporación da muller ao traballo ou o emparellamento selectivo como mecanismo de mobilidade social. Unha vez máis a crítica a Piketty o déficit do propio obxectivo que é a incidencia das institucións sociais, económicas ou culturais que marcan o matrimonio, as relacións de xénero ou a familia como aspectos que determinan completamente o réxime das herdanzas.  Boushey descobre con sorpresa este déficit para interpretar o contexto na obra de Piketty cando precisamente é o autor o que incorpora datos directamente collidos de fontes literarias que falan precisamente da importancia das estratexias matrimoniaies e do papel da muller en relación coa economía no século XIX.  Boushey pregúntase polas estratexias actuais no ámbito da mobilidade social e do matrimonio como dinámicas que non veñen reflectidas nas estatísticas pero que se manteñen como unha vía para reducir a desigualdade. Fálanos doutros datos, doutras medidas e constrúe hipóteses que deixan espazo para interpretacións abertas, interesantes e complexas, que, dende logo, ofrecen unha lectura moito menos ríxida en que todos e todas podemos implicarnos e tirar as nosas propias conclusións. Non hai sentenzas nin fórmulas que pechen previsións de futuro, e, neste sentido, a economista norteamericana apunta a que a situación da muller é un dilema que pode resolverse en direccións moi variadas. Pode ser que o crecemento económico empurre a unha necesaria igualdade, digamos que por imperativo de eficiencia do sistema, pero tamén podemos crer que as elites, aínda maioritariamente masculinas, empreguen o seu poder para intervir no proceso de transmisión de herdanzas distópico que conduza irremesiblemente a un retorno ao patriarcado decimonónico. Estas mesmas cuestións son as que formulan hoxe investigadoras como Mercedes d´Alessandro. Dende logo, incorporar a perspectiva de xénero é abrir unha porta á interacción con outros aspectos que hai que ter en conta na análise do sistema económico capitalista en que vivimos.

Esta reseña foi publicada orixinalmente no blog do proxecto Reseñas da Biblioteca de Torrecedeira da Universidade de Vigo. 

viernes, diciembre 27, 2019

Ramón Conde, artista o farsante?

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Me quedé con las ganas de expresar públicamente el profundo desagrado que me causó la visita a una exposición de Ramón Conde en Ourense. No lo hice porque no quería dar pábulo a la política de deliberada vulgarización cultural que desde hace mucho tiempo seduce a nuestras instituciones públicas. Podemos pensar que esta deriva tuvo su origen o culpa, en territorio galaico, en las ocurrencias de nuestro más famoso alcalde, cuyo pésimo gusto y desnutrición intelectual, consigue ponerse a la altura de los tiempos y cosechar la victoria electoral que sirve de refrendo a los desatinos de la postpolítica. Pero la incapacidad estética de Abel Caballero, o quizá su empeño en disimularla para adaptarse a los tiempos, no atenúa el horror que me produjeron los burdos hombres de bultos redondos de Ramón Conde. En aquella visita me acompañaba mi madre, y como todo estímulo es poco en tiempos de apatía vital relacionada con procesos de disfunciones propias de la edad, decidí aprovechar la ocasión y comprobar su reacción ante aquellas figuras. No, no le aportaban ninguna sensación agradable, ni siquiera la curiosidad que podría suscitar lo extraordinario. La fealdad es un asunto bastante subjetivo, ya lo sabemos, pero en cuestiones artísticas, cuando ya se tiene experiencia y se conoce mínimamente el discurso, es fácil distinguir una obra fallida de un timo. Y lo que hizo el señor  Ramón Conde en este acto expositivo es un timo en toda regla. Podría suavizarlo y dejarlo en fraude, pues parecería así que nos quedaríamos en una figura delictiva menor, al entender que sólo hubo una acción contraria a la verdad, pues no me cabe duda de que el artista conoce lo que se aproxima a la verdad en el arte. El escultor Conde conoce perfectamente los requisitos mínimos para que una obra artística pueda ser susceptible de ser admirada como tal. Una cierta dosis de belleza, de verdad o de inteligencia, por mínimas que sean, una cierta novedad en la técnica, en el tratamiento del tema, en la organización de los elementos constructivos o discursivos; incluso podría ser algo de una fealdad extrema pero con una cierta particularidad que nos obligue a detenernos a pensar. Pero lo cierto es  que ante aquellos hombres desnudos, y nada más, una sólo imagina que lo mejor es huir. Porque ni la técnica, ni la escena, ni el discurso, ni la osadía de una perspectiva, ni el movimiento, ni la dimensión, ni la repulsión...nada, nada me sorprende ni me hace pensar.  Me obligué aquel domingo a permanecer más tiempo del que me apetecía, y a leer las fichas técnicas de cada obra, por si me perdía algo. Fue inútil. No había allí información técnica alguna, sólamente unos comentarios sobre la escena representada señalando al público la vía correcta de interpretación. No sé si la propuesta por el autor o por la curaduría o comisariado de la exposición.  Pero estas indicaciones eran de un nivel era tan insultantemente banal que dudé si la exposición en realidad estaba dirigida a un público de las antípodas que desconociese absolutamente los referentes culturales mínimos de nuestro entorno. De modo que cuando, hace escasamente dos horas en el telediario, vuelvo a ver estos hombres desnudos expuestos, en esta ocasión en unos balcones de una calle de Pontevedra, y que con toda normalidad se dice que Ramón Conde disfruta de la controversia que causa su obra, es decir, que públicamente se reconoce que el autor está haciendo caja de la supuesta estupidez del público, siendo una enorme vergüenza ajena y tremendas ganas de empapelar la ciudad con un edicto pidiendo la expropiación de su taller. 

viernes, noviembre 29, 2019

No estas en democracia estúpido.



Para Geles, por recomendarme "Disque", de Susana S. Aríns, ahora flamante ganadora del mejor libro de ficción [ficción?]
Para Estrella, que me ayudó con su elegante sabidurá a pasar una semana gris y polvorienta.
Para Ludi, por mantener la razón en lo más alto.
Con mujeres así no hay sistema corrupto que aguante.

Perdón.
El título sólo es para interpelar a los moribundos.
Las vivas ya lo saben, y con todo, actúan.
Por eso están en peligro de extinción.
Los vivos son menos cada vez, las vivas justo en la proporción que marca la violencia contra ellas.
De modo que.
O despertáis o morimos todos.
No de cáncer o de fallo multiorgánico.
Moriremos de tristeza.
Sí se puede.
Morir de tristeza.
Ya avisaron las poetas.
¿Murió de tristeza Paca Aguirre?
Por lo tanto, amiga moribunda.
Habla porque tienes voz.
Muévete porque tienes espacio.
Lee porque aún tienes libros, pocos, pero aún quedan algunos.
No denuncies nunca, nunca busques aliados entre los muertos.
Escribe un poema.
No te sientas humillada ni abatido por estar solo abandonada ni encerrado ni aterrada.
Es el estado natural que corresponde a la lógica de la sabiduría.
Las sabias siempre estuvieron solas.
Que no quieres ser sabia.
Que no quieres estar sola.
Entonces drógate amiga, o sigue siendo violento, enemigo, y darás sentido a toda la vulgaridad que te hace feliz.
Mary dice que life´s a bitch but Living is....y que she is still looking for the correct adjective here
mmmm,,,,temptress quizá?

jueves, noviembre 28, 2019

Les miserábles, Ladj Ly o algunos hombres malos


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¿Será consciente Ladj Ly de haber hecho la película más feminista de los últimos tiempos? No. Y aquí está la grandeza de Los Miserables. Un día en la vida de una especie violenta. El título, más allá de la referencia literaria obligada, refleja perfectamente el estado de un mundo de una brutalidad masculina insoportable. Ninguna mujer supera los primeros minutos sin una angustiosa sensación de encerrona. Queda claro que desde el principio esto va a ser una cuestión de fuerza bruta, y, efectivamente, estamos ante un western contemporáneo casi en estado puro. Adornado también con el ritual que marca la biología, a la desmesura de esta fuerza bruta sólo se le oponen cada pocos metros de film unas escenas deliciosas en belleza, color y comportamiento amable, que son las que protagonizan las mujeres que sólo tienen boca para gritar en contra de la violencia sistemática que tienen que sufrir por parte de todos, o para realizar un bien extremo que no parece ser real, en medio de tanto horror;  porque mientras la policía intimida y extorsiona, y los jefes de los clanes raciales intercambian chantajes en un contextos de absoluto vacío moral, la mujeres aparecen brevemente, unos segundos nada más, en un cuarto enfrascadas en una tontina, una práctica de ayuda mutua en la que cada una pone dinero para hacer frente a las necesidades del grupo. Increíble. Pero dura poco, puede más el odio entre hombres gitanos, musulmanes, negros, policías, pederastas o camello. Sólo faltaba lo más horrible, el odio de los niños que pierden su inocencia cualquier día a cualquier hora por cualquier brutalidad. Ni lo cachorros se salvan, ni los humanos ni los animales. Sólo se salvan las mujeres, pero no encontré a nadie que hablase de esto, quizá sea la siguiente página que se escriba, dentro de unas décadas. No se sabe. Pero si esto es la violencia postmoderna que resultó de aquellas incendiarias escenas de les banlieusard parisiennes de 2005, el futuro se presenta desgarrador. Parece que desde el cine se están dando señales de alerta máxima. El Joker avisa de una rebelión de los marginados sociales, Los Miserables ponen el punto de alerta en los niños que ya no lo son. No se puede ir más allá.

miércoles, noviembre 20, 2019

mientras dure la guerra, Amenábar

Mireia Rei, actriz que interpreta a Carmen Polo
en Mientras dure la guerra, de A. Amenábar.
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Mientras dure la guerra es un buen ejemplo del atraso en que permanece anclada la sociedad española y por extensión su cine. No he leído críticas, me han comentado que son todas buenas, y estas palabras mías, si fuesen leídas como una crítica, también serían para aplaudir la película; y no, no es contradictorio esto que digo, porque aludir al anacronismo de algo no tiene que ver con el reconocimiento de su calidad. Mientras dure la guerra es un documento que debió elaborarse hace al menos veinte años. ¿Por qué no se hizo?, tendríamos que hablar de un repertorio de sinrazones que iluminarían no sólo la procastinación innata de nuestro cine, por lo menos en lo que a la valentía de su discurso se refiere, sino que arrojaría mucha luz sobre la persistente actitud en el mantenimiento de un tabú que impide a toda una sociedad si no a matar al padre, sí a reconocer la maldita suerte de haberlo padecido. De modo que, como ciudadana perteneciente a esta sociedad voluntariamente ciega, sorda y alexitímica, no estoy en las mejores condiciones de hacer un análisis objetivo. Tengo que imaginarme como ciudadana armenia, sajona o griega para apreciar esta película como se merece. Desde esta posición extraña -pero irrenunciable para hacer una observación fiable- reconozco no sólo una calidad extraordinaria de actores y actrices, sino un sutil e inteligente tratamiento de un asunto tan espinoso históricamente como fue -en general todo el período histórico posterior a la guerra civil- el enfrentamiento Unamuno/Millán Astray. Los detectores de errores históricos no tienen mucho trabajo que hacer, a pesar de tratarse de uno de los episodios más problemáticos y sujetos a las interpretaciones más extemporáneas de nuestra historia. El peligro de caer en el esquematismo de determinados personajes en determinadas escenas se diluye en la siguiente, porque aún manteniendo la gruesa línea del dibujo que caracteriza a figuras tan caricaturizadas como las de Franco o Carmen Polo, somos perfectamente capaces de reconocer un respeto a sus personalidades, lo cual me resulta tan increíble como loable, teniendo en cuenta lo fácil que resulta despeñarse por la siempre efectiva pendiente de lo cómico.  

(...)

martes, noviembre 19, 2019

Joker

No escucha, ¿verdad? Me hace las mismas preguntas cada semana. ¿Qué tal el trabajo? ¿Has tenido pensamientos negativos? Yo solo tengo... pensamientos negativos.

Joker es la representación de la broma que no hace gracia. No concuerdo con Zizek, que defiende una pura adscripción nihilista; el nihilista niega la existencia de principios morales o religiosos mientras que  el Joker se transforma en el abanderado de la lucha contra la violencia de una sociedad que maltrata al ciudadano más vulnerable. Según Zizek, Joker se pregunta qué pasaría  si los desposeídos decidieran atacar, pero no, no es eso. Es cierto que es precisamente el miedo a la rebelión del oprimido el que nos hace revolvernos en nuestros asientos, inquietos por una realidad en la que convivimos con un susto continuo ante la posibilidad de una nueva chispa de la historia que desencadene un cataclismo. Pero ciñéndonos al relato fílmico, Joker no es consciente de desencadenar nada, o mejor dicho, conscientemente no desencadena nada, lo que no lo hace menos aterrador, sino todo lo contrario. Joker no asesina impunemente en el metro a tres hombres de éxito simplemente porque pertenezcan a una clase superior; se defiende de un linchamiento y de una muerte casi segura. Lleva pistola no porque sienta la necesidad de usarla, sino porque alguien -más consciente del peligro de interpretar correctamente la violencia del sistema- se la pone entre las manos. Luego dirá que fue porque cantaban mal, y eso sabemos lo que significa; cuando la violencia ya se ha desencadenado, no importan las causas, porque el placer que otorga la capacidad para infligir dolor convertirá en irrefrenable el deseo de seguir haciendo daño, y ya sin importar mucho a quien.  Lo inquietante de la película tiene que ver con la capacidad como espectadores para reconocer un contexto de violencia sistemática producto de una desigualdad social que ya ha alcanzado su umbral soportable, lo ha traspasado ya hace tiempo. La población oprimida ha actuado con pasividad ante el saqueo de un sistema económico depredador y quizá el mensaje sea muy claro, terroríficamente evidente, pues quizá nos obliga a cuestionarnos si vamos a soportar la burla y el linchamiento pues ¿qué otra cosa son los desahucios, los recortes extremos en sanidad  o el desprecio explícito hacia las víctimas de la violencia? Hay momentos fantásticos en la película, primeros planos absolutamente magistrales a nivel interpretativo, uno de ellos por ejemplo cuando Joachin Phoenix -porque aquí,  para mi, no habla el Joker- le dice a la asistenta social, No me escuchas, verdad?. Ahí está la cosa, amigas. Escuchar, hoy día puede sacarte de la carretera. Aterrador.