sábado, septiembre 08, 2018

Sueño académico

Toyen

Hace un tiempo asistí a una clase sumamente desconcertante. No recuerdo el programa completo del que formaba parte aquella conferencia o lección magistral. Lo que sí es indudable es que se trataba de unas lecciones impartidas por la más incuestionable autoridad en una materia que suscitaba tanto interés en aquellos momentos como, pongamos por caso, la neurociencia hoy día, aunque había una gran diferencia. El carácter exageradamente especulativo de unas propuestas que no eran susceptibles de ser comprendidas y mucho menos aceptadas por los más conspicuos miembros de la comunidad científica.
En la primera sesión, lo atractivo del tema y de los materiales de trabajo me permitieron disimular la desazón producida por la incomprensión más absoluta de las ideas que allí se exponían.
La clase estaba a rebosar y desde luego la entrega era absoluta; quiero decir con esto que por lo que yo podía intuir, nadie dudaba ni de la competencia de la catedrática, a juzgar por la emoción que traslucían las atentas miradas a la pizarra, ni desde luego de sus propuestas y enseñanzas, pues no suscitaban en aquellos rostros atentísimos ni la más leve contracción facial delatora de un desacuerdo, una duda, o mucho menos una desafección con lo que allí se oía o se les entregaba por escrito.
¿ya habían asistido antes a clases parecidas? Era como si fuesen colegas de laboratorio o de grupos de investigación dirigidos por aquella misma autoridad. Sólo yo parecía dudar. Así que estaba sola.
Salí de la primera clase con la cabeza llena de ideas rimbombantes pero vacías de sentido. Palabras, fórmulas, algoritmos, notas, esquemas, ecuaciones sintácticas que liberaban energías desconocidas se amontonaban en absoluto desorden en mi cabeza. No. No. He de reconocer que el desorden no era absoluto. Había unas pautas expositivas rigurosas. Las ideas que la profesora compartía e incluso entregaba por escrito para que pudiésemos seguirla más fácilmente respondían exactamente a uno de aquellos primeros lenguajes de programación que una vez introducidas en la computadora vía teclado se reflejaban en una pantalla absolutamente negra, pero con la asombrosa recompensa de que tú podías ver cómo la máquina ejecutaba tus órdenes. Eran líneas separadas por cifras que tenían que escribirse de diez en diez, y recuerdo que las órdenes eran comandos en inglés de una sencillez apabullante. Tu escribías por ejemplo 100 GO TO 50 y luego 110 IF n mayor que 0 THEN PRINT. Recuerdo haber asistido a aquellas clases de programación en BASIC cuando tenía unos 18 años. Me rodeaban niños de ocho, incluso diez años menos, que tenían muchísima más agilidad que yo para comprender y avanzar en el desarrollo de sus ejercicios. Detecto ahora que estas imágenes regresan a mi memoria, el extraordinario parecido en mi estado de ánimo en las clases, la angustia de quedarse atrás, de non comprender. Era la primera vez que ocurría, pues yo había sido siempre una de esas alumnas aventajadas que no sólo comprendían las lecciones, sino que incluso podían anticipar casi siempre lo que aquellos profesores de mi infancia y adolescencia se proponían explicar. También supe siempre que no era que yo fuera una alumna especialmente dotada, sino que todo era producto de la pésima calidad de la enseñanza recibida.

Me concentré en la hoja que me acababan de entregar y en aquellas líneas encabezadas por cifras separadas de diez en diez podía ver sentencias de todo tipo. Allí estaban las desesperadas notas que Virginia Woolf había tomado una mañana en la biblioteca del Museo Británico tratando desesperadamente de comprender por qué tantos hombres habían descrito a la mujer en términos de inferioridad física y mental. Había una línea de código, que por supuesto no entendía, pero que sí reconocía como un hito en el desarrollo de la Inteligenicia Artificial. Estaban también allí las ecuaciones diferenciales más bellas, traducidas a lenguas muertas. Por supuesto estaba el signo lingüístico autoexplicándose y resolviéndose en una sucesión de planos que sólo podían representarse por cadenas de ADN que previamente habían sido formuladas basándose en hechos reales.
Todo existía y podía reconocerse aisladamente. Saboreábamos y disfrutábamos, como posiblemente toda generación, de haber nacido en la época histórica de mayor prosperidad, y de haber alcanzado un nivel de desarrollo tal que no sólo nos aseguraba un presente tecnológicamente superior, sino que nos abría constantemente expectativas de futuros más ilusionantes que cualquier paraíso prometido por la mejor de las religiones.
Entre las asistentes se encontraban algunas personas que ya conocía. Nunca me hubiera imaginado encontrarme con alguna en un curso como este. Reflexioné sobre sus temperamentos y personalidades tratando de destilar algún rasgo común que explicase su interés en las clases. Reconocí inmediatamente que lo que las unía era un seguidismo acomodaticio a todo lo que oliese a elitismo académico. Acogían acríticamente las intrincadas ideas de la profesora como seguramente lo habían hecho sus abuelos con las bendiciones de su párroco.
No se planteaban siquiera la posibilidad de cuestionar unos argumentos que le les presentaban con la contundencia de un oráculo. Pero yo no comprendía. Y en esa segunda lección ya no podría posponer mi sed de justicia, porque ya no era el deseo de comprender teorías y ecuaciones extremadamente difíciles. Había comprendido el enorme vacío que se escondía en aquellas monumentales sentencias paracientíficas, y una insobornable decisión de reestablecer la lógica me llevó a formular preguntas y compartir reflexiones que fueron rechazadas por todos como si fuesen descaradas interrupciones sin sentido por parte de alguien que no tendría que haber sido seleccionado para estar allí.
Mi compañero de pupitre intuyendo mi desazón, me ofrecía generosamente, aunque a escondidas, sus notas. Yo ahí podía ver alguna lógica, pues se trataba de un informático muy competente al que apreciaba y que tomaba unos apuntes personalizados y en un código que yo podía comprender. Le agradecí su gesto, más por lo que tenía de honestidad propia, al tratar de interiorizar aquellas teorías grandiosas y transformarlas en un humilde diagrama de flujo, que por su piadosa comprensión hacia mi solitaria y reprobada posición.
Me fui a casa sola, abriéndome paso entre el desprecio e indiferencia de los asistentes. Recogí aquellas notas y las iba revisando mientras caminaba hacia casa. Me habría sido más fácil descifrar una tablilla sumeria de minúscula escritura cuneiforme que entender la lógica que seguían aquellas conclusiones en que “Les pensées” de Pascal se descomponían en figuras geométricas cuyas caras se repartían entre nosotros para que ofreciésemos una interpretación original. No tenían sentido ni las propuestas ni las respuestas. Todo era sometido a un análisis tan minucioso como ridículo y el signo lingüístico era tratado como una molécula a la que se podía contaminar con cualquier mensaje. Si, era un lenguaje articulado el que se hablaba en aquella clase, pero era de una prescindibilidad tan evidente que te hacía dudar de tu propia materialidad. Era la comunicación de la nada. Todo era tan insultantemente ridículo, pero la magnificación de lo que denominaban contexto era de una estupidez insoportable. Uno de los ejercicios nos presentaba una reproducción facsimilar del lomo de un libro de Spinoza. Alli figuraban en letras doradas los caracteres del nombre del autor, el título una frase del mismo autor que explicaba su libro, aparte de los datos de publicación propios de aquella época. Ya saben, los privilegios, la venia, el explicit…y todo eso tenía que ser analizado e inquebrantablemente entendido como una parte inseparable del contenido moral del texto.
Me paré en seco y me armé de valor. Di media vuelta, dispuesta a volver a la clase y abordar a la profesora. Iba a pedirle sus credenciales y por supuesto el nombre de la disciplina que originaban aquellas teorías que se tenían por las más innovadoras de la Academia. Cuando llegué al aula, me encontré a la pitonisa. A estas alturas, yo ya había decidido situarme al margen de la credulidad de aquella parroquia. Le pregunte su nombre completo. No puedo reproducirlo aquí, pues se trata de una investigadora muy reconocida y no es mi intención ocasionarle ningún sofoco. Pero he de decir que en cuanto lo escuché aquel nombre recordé quien era. Me había leído todos sus libros. Más de doscientos. Investigaba sobre la desigualdad de género a nivel económico a lo largo de la historia. Una verdadera autoridad en esta materia. Su trayectoria de investigaciones no tenía nada que ver con las obtusas teorías que se escuchaban en el curso.  Dije que había leído sus libro, y en efecto, conocía sus textos, pero nada sabía de su aspecto físico. Las personas más honorables, académicamente hablando, no suelen aparecen en fotografías ni por supuesto sus lectoras solemos tener interés en buscarlas. Me fijé entonces en su indumentaria. Llevaba una camisa floreada y de mangas largas y demasiado holgadas. Una especie de volantes que se recogían o ceñían en un chaleco marrón que delineaba una figura indudablemente femenina. Era un vestido vulgar, pero me costaba reconocerlo, quizá por mi falta de habilidad para interpretar los dictados de modas y estilos. Me fijé entonces en su rostro y descubrí unos rasgos extraordinariamente familiares, estaba segura de estar ante alguien que conocía, que había visto recientemente y que no era una eminencia académica. La profesora detectó mi desconfianza pero no mostraba signo alguno de incomodidad, era como si fuera de clase se hubiesen abierto unas enormes puertas por las que entraba la primera luz de la mañana y la primera brisa de un nuevo día de otoño. Miré su pelo y su peculiar sombra de ojos, pero sólo cuando se dejó colgando por una cadenita desdorada sus gafas de montura metálica pasadísimas de moda me acordé de su verdadero nombre y de su verdadera profesión, era la Doctora Meilán, una traumatóloga incompetente que me había desatendido en la consulta sólo hacía escasas horas sobre mi esguince.





miércoles, agosto 01, 2018

Ella. Un cuento

Para Ana y Jose  
El Pedrón, 15 de julio de 2018.  

A mi peluquera, porque mientras me guapea me pone a  Richard Ashcroft, PJ Harvey, Nina Simone, Bedouine, Loudon Wainwrigh, Iggy Pop
Ray Charles, Josele Santiago, Sweet Emma, Janis Joplin, Raphael&Tom Jones, Ella&Louis, Ed Sheeran, Sinead O´Connor., Tracy Chapman...y para mi que en la próxima me pondrá "Into my Arms" o Joss Stone. o cualquier otra maravilla.
  
Digujo © Aser
ELLA 
La conocí cuando buscaba una casa para alquilar en mis vacaciones veraniegas. A decir verdad, fue ella la que me conoció a mí al abordarme sin yo percibirlo con su impredecible figura, a todas luces ingente para lo que se esperaría de una dama de formas tan elegantes.   Si me hubiesen advertido de su presencia no habría sucumbido tan inocentemente al miedo que me produjo su impetuosa bienvenida.  Convivimos en desequilibrada vecindad no más de una semana en aquella primera ocasión, pues se mostraba igual de esquiva cada día, nada más intuir mi presencia. Yo procuraba entonces, inocentemente, cambiar de perfume, de ademanes incluso, intentando despistarla, que me tomara por cualquier otro. No hubo forma. Llegué a sospechar que intuía mi intención de pasar delante del cuidado césped en donde solía pasar la mayor parte del tiempo en aquellos soleados días de junio, pues invariablemente, a diario, se repetía el ritual de aquel casi abalanzarse sobre mí simplemente para saludarme. 

Pero era un saludo como de terminante advertencia y me producía la misma sensación de esos rótulos que representan calaveras en los postes de alta tensión. Eran sus recibimientos como un no rotundo, a pesar de la inexistencia de ninguna solicitud  previa.  A esas alturas no me atrevía yo a pensar en proponerle nada, pese a su insobornable y arrebatadora presencia. Yo confiaba los primeros días, que aquella semana fuese una especie de pretemporada de alguna relación más sólida. Pregunté por sus gustos, por si me fuera posible acercarme a ella por la vía de un regalo irresistible, o sea, del soborno.  Damián, el propietario de la casa con el que vivía, me advirtió que los dulces los tenía prohibidos por cierta delicadeza en uno de sus órganos internos. No había muchas más posibilidades. Las prendas de vestir y las joyas no venían al caso, eso era evidente. Podría comprarle una tumbona de colores vivos que realzase todavía más su brillante y rebelde melena negra, pero algo me decía que no debía atreverme a introducir en su espacio ningún objeto que no fuese de su propia elección, y desde luego no podía ni remotamente pensar en que me acompañase una tarde a la concurrida calle del mercado local que se organizaba diariamente en la ciudad cercana a su casa. 

De modo que aquella semana se esfumó, antes incluso de que se me ocurriese la forma de abordarla sin que peligrase mi dignidad.  Siempre me sorprendió la prevención que ante mi presencia adoptaban las señoras, pero esta vez era algo distinto, porque ella, invariablemente, accionaba su peculiar dispositivo de alarma antinuclear nada más poner yo un pie dentro de su territorio.  Me fui desolado. La rutina de la vida ordinaria me arrebató, y sin rechistar volví a mi casa y me vi de nuevo cabalgando sobre la realidad sin que mi voluntad se hiciese siquiera con una baza del absurdo juego de mi vida en los meses que siguieron y precedieron a su presencia. No hubo cartas ni llamadas, ni siquiera encuentros casuales que renovasen su recuerdo, pero ¿cómo olvidar aquel perfume animal, aquel desparpajo como de Lolita con el que me recibía cada mañana?  Resolví, como es lógico, alquilar la misma casa al año siguiente, y para no sucumbir al desencanto de su ausencia me construí una idea de ella. que hiciese inocuo el período de entreguerras que forzosamente se introducía en el calendario.  

Tenía por delante meses de trabajo en la agencia en donde trabajaba subtitulando películas para un sello independiente que producía, documentales, videoarte y series para televisión de autoría femenina. Así que me propuse que ella fuese el alma de las protagonistas a las que yo tenía que traducir. Durante todo el invierno ella fue todas las mujeres imaginadas por escritoras, directoras, coreógrafas, compositoras, guionistas o videoartistas autoras de uno de aquellos audiovisuales.  Ella fue Olga, la amante vitalicia de Florianne en la serie No Woman s Land, una especie de biopic de Gertrude Stein y Alice Toklas. Fue también Lorna, la gatita pitagórica que componía inocentemente exquisitas piezas musicales que se atribuía luego su dueña, Milena Berveroba, una compositora y filósofa francesa, de ascendencia rusa. En los ojos de Lorna no tardó en aparecérseme aquella mirada sesgada y desafiante. A punto estuve de subtitular aquellas miradas, puesto que en descifralas para que dijesen lo que yo quería, invertí muchísimas más horas que en todos los demás personajes.  Ella fue incluso una roca que apareció fugazmente en una escena de Blessing in Disguise, una serie de únicamete cuatro capítulos sobre las complicadas relaciones de pareja entre personas emocionalmente disfuncionales. Quien sabe cuántas veces usé el botón de detener la imagen solamente porque aquella formación rocosa, a contraluz, en una playa del sur de Galicia era, a mis ojos la exacta reproducción su silueta. 

El mes de junio apareció por fin de nuevo en mi agenda y a falta de una semana para iniciar mi descanso recibí una llamada de Damián para confirmar las fechas de mi estancia.  Mientras hablábamos, podía escucharla levemente. Yo trataba de prolongar la conversación improvisando dudas sólo por el placer de disfrutar de aquel timbre que por vez primera no resultaba amenazador. Pero a medida que la conversación se iba alargando también aumentaba el tono de aquellos jadeos de fondo y ahora podía visualizarla de nuevo como la recordaba, con aquella exhibicionista agresividad con la que me recibía cada día. ¿intuiría que era yo el que estaba al aparato? Aquellos movimientos delataban un estado de excitación puesto que mi interlocutor se disculpó un momento para reconvenirla. Oí como le suplicaba que se calmase animándola a permanecer recostada. No pude evitar preguntarle por su estado. 

Si, está bien, es caprichosa e imprevisible, ya la conoces. Pero gracias a un excelente veterinario que le administró un nuevo tratamiento ya totalmente recuperada. Además ahora disfruta de buena compañía, Toxo, ya le conocerás, un pequeño terranova que acaba de desembarcar hace un par de días.   

martes, mayo 08, 2018

E que marchara sen fechar as contras, veu un pouco de vento e de socato todo bateu contra todo, non tiven máis remedio que voltar a aquela casa. Non quixen arranxala, chovera moito por ela as paredes xa case se tiñan derrubado. Así a todo campaba moi ben, era como unha alapiñeira. Non debe quedar ninguén que lembre cousas así de bonitas, só en recunchos irrecuperábeis de memorias perdidas. Así a todo, cómpre aviarse para saír e cómpre aviarse para voltar.

I left without telling anyone because I did not know that so much wind was going to blow in my absence. Excuse me I had to go back also without warning. He would clean everything if he knew, but it is impossible. I have other materials. They will not stain so much, that's for sure, the expiration date itself prevents it. I will be as cryptic as I am sincere, that does not hurt.

¿que decías hermana? nada, déjalo...fue demasiado tiempo, las células se descomponen y mueren si no están en sus órganos; mis palabras también murieron, eran demasiado blandas, no soportaron los cambios bruscos y perdieron su forma. Ahora te hablaré de otra manera, más cálida y penetrante y sabrás, de alguna manera que sólo es para ti el verbo. Nos vemos en la vida.

martes, febrero 06, 2018

Para Ludi

Hay personas muy especiales en la vida de las personas, o eso es lo deseable. Y viceversa. Hay personas muy deseables en la vida de las personas,  y esto es algo especial, y digo especial como refiriéndome a la rareza de lo que es específico, o a la natural rareza de un especímen. Tengo la impresion de que somos cada vez menos las personas especiales que contamos con seres tan deseables en nuestro entorno. Y viceversa. Creo que somos pocas las personas deseables y que contamos con seres tan absolutamente especiales. Esta materia era cursada en los primeros niveles de la escolarización: Ni eso. Aprender a rodearse de personas especiales, de personas deseables, era lo primero que trataban de enseñarnos nuestros seres queridos. Ni eso. Creo que aprender a disfrutar de seres especiales y deseables, y querer convertirse en seres deseables y especiales para los demás siempre fue, hasta anteayer, algo que todo ser humano y que toda persona buscaba de forma innata. No tenía que enseñárnoslo nadie. Siendo que soy especial, y esta sensación no la experimento como algo tierno, como un abrazo, no. La siento como una posibilidad de pérdida. La siento como la seguridad de una pérdida irremediable. Por supuesto que me refugio en la absoluta e incondicional felicidad que me proporciona el calor de la seguridad de pertenecer a las personas deseables y especiales, pero veo cada vez más a más y más y más personas que no proyectan nada, ni su sombra, y que buscan desesperadamente la irrealidad de un vacío abolutamente atestado de sombras que no se corresponden con nada. No sé, voy a intentar dibujarlo, creo que será más fácil de explicar.

miércoles, diciembre 20, 2017

A tiempos revueltos, ganancia de cocineros

Los trump times son estridentes, horteras y por supuesto cero divertidos. Son tiempos de pelo naranja teñido y/o de calvos de serie. Son tiempos de hombrecillos chuscos y menticortos. A la fuerza tenían que pulular falsas mujeres galvanizadas fabricadas por estas mentes de polispán para dar cumplimiento al mandato divino. Menos mal que no están de moda las filósofas, ni las poetas, ni las pianistas, ni las estetas. Menos mal que casi nadie discute sobre la razón poética. Es tiempo de cocineros, son los chefs de la Academia, siempre dan la talla, solo hay que ajustar la altura del capirote. Que bien se está ahí fuera amigas mías!

domingo, diciembre 10, 2017

e e x x i i l l i i a a d d a a o o s s

O exilio é xeito de ser 
normalmente as exiliadas e os exiliados son mentes extraordinarias 
premiadas pola sabedoría
persoas que acadaron un grado de insubornabilidade
logo dunhas vidas absolutamente adicadas á procura do coñecemento
de sí mismas
e por extensión, das outras
só unha xenerosidade tan extrema 
como incomprensible para case todas nós
existiron, existen, seres desta natureza tan humana, 
normalmente, as exiliadas, os exiliados, non gozaron de fama, 
é unha condición da súa esencia fuxir dela coa mesma forza que lles empurra á imprescindible introspección que lle permite verse, ver o mundo case tal cal é 
e....
a modiño, tentar amosarnos as súas beiras
ás que quedamos dentro do círculo amanerado do postureo intelectual
de xeito que
procurade outro nome para referirvos ás excrecencias da vosa pel morta
coa que tentades fundar novas igrexas 
e non facedes máis que cavar fochancas para un futuro sempre estarrecedor
que nos borra de sotaque todo o escasamente aprendido delas, deles

daiann, recuérdame 

https://cuadernoshispanoamericanos.com/el-retrato-oval-de-juan-gil-albert-o-el-reverso-de-la-revolucion/

viernes, diciembre 08, 2017

I(nsert) C(oin)

©abb

Y el palomo le dijo, ábrete y no temas mujer, serás violentada y quedarás libre de culpa, y en ti se perpetuará esta costumbre por los siglos de los siglos. 

miércoles, diciembre 06, 2017

t r i b u t e s

calo ou falo, falo ti e calo eu, 
minto e sinto, into the way,
vaite´s joke...  anything else?
womens wolves
axudame a resolver [homenaxe á first person]

when I dixen cando
onde I dixen where
why I dixen why
vaite´s joke...anything else? [homenaxe a Esther Ferrer]

Déixame alone
Leave me só
Don´t egg my on...
se queres follow on  [homenaxe o imperativo]

Mum, Dad, and ¿nena?
anxos of blood?
spiders, Apolo, sereas?
glass strands, calcinhas de Ipanema [homenaxe a Rosa Chacel]


martes, diciembre 05, 2017

Norah

Teño que me procurar destinataria para darlle saída a tanto pensamento inútil como se amorea nalgún recuncho do espazo. De seguro que tiña máis cousas que facer que acubillar pesados croios nunha terra maniña. Ahhh. Pero que deliciosa é a insoportabilidade do ser cando te pos a pasar o ferro e sentes que o maxín ven a agasallarte coa delicadeza dun pensamento inmarcesible. ¿a quen contarlle estes garabatos con volume, e son, e formas, e rima, e texturas e dunha dureza e teimosía tan  insubornable?. Norah. Cóntocho a ti. Non te coñecen. Ninguén saberá procurarte na arañeira que disimula chegar ao impensado. Mira que tranquilidade, ademáis. Agora que estamos soas, as dúas, caladas e sen ninguén amolando, no medio e medio do fervedoiro do ren de res que todo o sabe. Coitadas. Eiu vireui cada pouco, a ver se estás e ata mudarei de idioma, Norah, porque neste só atopo exemplos demasiado ecolóxicos, por chamarlle bonito, xa sabes que o terruño só me gusta para enzoufarme cando me peta pero escribir con el, Norah, querida, non podo. Teño deuses que plantexan sacrificios subordinados que non declinei nunca, e tampouco quero sangue, cunhas cantas grafías despeñándose polo ábatro do exceso, xa me chega. Vémonos Norah. Sinto non ser todo o revirada que mereces. 

miércoles, octubre 04, 2017

Sin/Título/cat

El caso catalán parece estar funcionando como el imprescindible factor de hiperrealidad que nuestra indisimulada abulia -magníficamente representada por el imperturbable rostro enajenado de nuestro caballero andante Rajoy- no consigue, ni remotamente esconder. La confrontación sólo esperaba una leve brisa para que las ventanas y las puertas se abriesen ruidosamente y pusiese todo este polvo acumulado debajo de la sucia cama de la transición se nos metiese a los ojos a todos. Unos se quedan tan ciegos como estaban, son almas errantes en el desconocido magma histórico del que sólo conocían los grandes nombres, otros, deciden tomar posiciones, es lo que les han enseñado desde siempre y sólo encuentran seguridad envueltos en un trapito de colores cuyo pésimo gusto en la combinación de sus colores seguro que tendrá que ver también con la enajenación ambiente.

El déjà vu de todo esto no es una sensación extraña, puesto que las que lo sentimos estamos ya terriblemente preparadas para el mismo final que siempre implica remotos e imposibles desplazamientos. 

De la magnitud de la sinrazón no pueden dar cuenta los partes de noticias, porque ya no los podemos distinguir de sartas de episodios construidos por guionistas formados en escuelas de tronos y directivos de empresas de todo lo post. De modo que no me aterra tanto una porra levantada, como la sutil pero implacable ruptura de lazos en entornos mucho más íntimos e incluso profesionales. Hay una lista de profesionales del sector de la documentación, Arxiforum, se llama, a la que llevo suscrita tiempo simplemente por no perder el hilo de una profesión que desempeñé un tiempo. Al hilo de un manifiesto se han desatado las furias y los suscriptores del profesional foro de intelectuales huyen casi en desbandada. De repende ya no importan los veinte años que llevan intercambiando ideas, proyectos e información. Se borran de repente nombres de colegas que se habían dado cientos de apretones de manos, se disuelvan las sinergias aquellas que consiguieron abrir nuevos caminos a sus investigaciones. Muchos se quejan amargamente de la introducción de lo político en sus sosegadas vidas profesionales, y otros critican justamente lo contrario, que no se atienda su "dolor". Ahí encontré el quiz de la cuestión. El sentirse dolido. La mujeres tenemos mucha historia de reflexión en esto del dolor. Se nos ha desplazado justamente por sentir dolor y expresarlo. Es una lección que una gran parte no necesitaba y otras han o hemos aprendido. Diferenciar la emoción de la profesión ha sido la única senda transitable para incorporarnos a una deriva histórica desfasada pero necesaria y justamente para cambiarla. No creo que me esté explicando bien, tampoco es necesario más que para mi, porque ahí fuera hay tanto ruido que estas hojas que caen aquí sirven únicamente para la reelaboración constante de un pensamiento que siempre es propio y deseo además apropiado. Decía pues, que con eso del dolor hay que llevar cuidado. No hay que ofenderse por cualquier cosa. Hacerlo por banderas, fidelidades ajenas o incluso lazos de sangre que no existen más que en su versión simbólica (hay que ver lo poderoso de ese sintagma!), conduce a una estupidez tan inmensa como los campos de batalla. Claro que si es cosa de hombres nada más, el campo se embarrará cada día y tendremos contados ya los claros del bosque desde donde intentar distinguir los cantos de las aves. 

martes, mayo 02, 2017

Gracias Lumen. Chacel reeditada.


Detenerme en los expositores de la fast literature de las librerías y encontrar, sin previo aviso, en medio del griterío de las portadas de los best sellers con estas dos delicadezas me parece un acto mucho más religiosamente redentor que cualquier mal resbalón en la subida al calvario. Gracias Lumen. 

Es un acto heroico siempre reeditar a Chacel, y hacerlo a dúo es incluso una temeridad. A Chacel parece que nunca le llega su hora ¡que lamentable! ¡que absoluta pena! Este país, precisamente tan increíblemente deficitario de genialidades intelectuales, va y cuando tiene a una pensadora de una talla inigualable, la exilia en la guerra, la ningunea en la posguerra, la desprecia en la democracia y se permite ignorarla con desparpajo en la postdemocracia, que no sé si existe, pero seguro que sí, y es este vacío tan lleno de estridencias que nos acorrala.

Chacel, como me dice el que fue su gran amigo, Alberto Porlan, nunca será muy leída, pero siempre será célebre. ¡que absoluta verdad! Menos mal que me lo dice y así me tranquiliza un poco en mi desesperado intento de comprender la tiranía del desprecio hacia ella. Chacel escribe demasiado difícil, dicen, y por eso no se la lee. Debe de ser porque su genio consiste precisamente en utilizar las palabras más transparentes de nuestro idioma, que en su escritura son hilaturas finísimas poco frecuentadas por lectores demasiado acostumbrados a los lodos de una picaresca que se resiste a desaparecer en la práctica literaria (también) de lo escrito en español de España  (gracias Quiñonero). 


No vendré mucho por aquí a hablar de cosas que no tengan que ver con Doña Rosa, porque en ella se contiene casi todo. Es, la suya, una literatura revelada a la que se ha de volver una y otra vez para no perder el norte. Porque las brújulas, colegas, están todas estropeadas. Vean si no la última reseña de Ignacio Echevarría en su columna. No sabemos a qué atenernos con la crítica. Menos mal. Si lo supiéramos quizá nos dejaríamos convencer por estas vanas palabras que nos alejarían de Doña Rosa, otra vez. Que poco amor por la literartura en los que más deberían amarla. Este crítico al que no sigo, habla de Rosa por habladurías, por boca de Mario Levrero. Yo que pensaba estar ante una crítica de estas dos preciosas novedades, pero no. No debió haberse leído a doña Rosa el pobre de Ignacio y el tiempo debía de acuciarle para mandar algo para su columna. Qué pena, porque Mario Levrero, a doña Rosa le debe lo mejor de su literatura y dijo cosas preciosas, como no podía ser de otra manera, sobre ella. Pero siempre es más fácil descontextualizar y poner el micro en esos momentos en que los creadores están indiscretamente pensando en alto. Me quedo no con el Levrero de Echevaría, sino con el que nos recuerda Javier Montes en su ya comentada novela "Varados en Río". 

Javier Montes cree que la desolación de Chacel, que sólo en sueños se manifestaba libremente, sólo podría curarla otro sueño, como el de Mario Levrero que relata a continuación" "Soñé que (...) me encontraba frente a doña Rosa, y hablábamos. Su presencia era muy fuerte, muy nítida, llenita de formas, por no decir  obesa; revelaba una enorme fuerza interior. Yo me conmovía, hablando con ella, probablemente recordando lo que había leído acerca de todos los malos tratos y las postergaciones que había recibido (...) En determinado momento yo le decía: "Rosa, por favor: pase lo que pase, por nada de este mundo, usted vaya a dejar de escribir." Lo decía desde el fondo del alma, y con mucho énfasis. Luego (...) me ponía a llorar de modo incontenible, inconsolable. Me desperté con ese dolor en el alma, con ese dolor que al mismo tiempo era piedad por doña Rosa, por todos los escritores que han recibido los malos tratos del establishment, y desde luego por mí mismo. 

Y usted es ese establishment señor Echevarría, que pena...lea a Doña Rosa y se le pasará ese mal cargo, seguro. 

Afortunadamente hay una bibliografía muy rigurosa sobre la literatura chaceliana. De Barrio de Maravillas, por ejemplo, puede consultarse el elaborado trabajo de Isabel Foncea Hierro.


viernes, abril 21, 2017

Mac y su contratiempo, Vila-Matas

fuente
Yo creo que la escritura ha de ser siempre verdad, escribe Lorena, en su ya consolidado blog, en el que ha conseguido, sin proponérselo, porque así debe ser, una voz tan propia como la que busca Mac, cuando es precisamente lo que tiene de serie, una voz tan propia, como la de Vila-Matas, como la de Sánchez y como la de todos los personajes que este verdadero escritor nos construye cada poco tiempo, para nuestro deleite, y salvación. En la búsqueda de la voz propia es donde reside la verdad, y en ese camino nos encontramos todxs los eternos aprendices de escritorxs. En ese eterno deambular entre las calles de nuestras ciudades, yo también soy Mac, Tengo el mismo contratiempo, las mismas dudas. Reconocerme en Mac me reafirma en mis convicciones. Me reafirma, sobre todo, en que hay que seguir buscando la verdad, porque ésta sólo existe en la búsqueda. No hay final, y así debe ser. Escribir es tratar de saber lo que escribiríamos si lo hiciésemos, ahí es nada. No hay mejor aliciente para seguir, o para recomenzar cada vez que nos enfrentamos a la página en blanco, que es exactamente la misma cosa que comenzar cada día. Construir, rasgar, dejar huella de que se está, de que se busca y se quiere mantener intacto ese impulso genésico que como dijo la gran Rosa Chacel es el primer motor de la vida, de la escritura. ¿que no hay lectorxs? ¿importó alguna vez a las irrefrenables voluntades que dedicaron su vida a la escritura? No. Al menos no a lxs que tienen manos como prolongación de sus ojos y no escatimaron horas de vida para describir la inextricable levedad de la existencia. Sigamos pues, en la búsqueda, y si puede ser acompañadxs de Lorena, de Vila-Matas y de Rosa Chacel, entre otros, el paseo será tan fructífero como el de R.Walser, aunque el final esperemos que sea un poco distinto.  

martes, febrero 21, 2017

Non é país para case nada...

Todo canto traballo se faga a prol da consecución dunha sociedade máis respectuosa coas diferencias será bo, é bo, é imprescindible. Por iso mesmo cómpre aplaudir -coa parte do corpo que sexa- canta acción se organice. Pero cómpre tamén, e tamen urxe, unha crítica que arporice un pouco ao respetable, poque non podemos estar sempre co mesmo. No tema da igualdade -non me gusta o termo pero está tan instalado que é realmente difícil buscar alternativa- hai moito traballo feito, dicíalle eu a Diana nun comentario sobre a súa presentación do libro "no es país para coños", e hai que tomarse a molestia de lelo, reflexionalo, valorar os resultados de anteriores experiencias e regurxitar un novo discurso, aínda que que só sexa para articular un argumentario que tanto a Diana -á que aplaudo, non cos xenitais, non coas neuronas, senón coa adrenalina agora reciclada graza á súa charleta- como a canta persoa -especialmente identificada coa tradicional caste de muller- organice un simposio ou acto no que seguro que se ten que enfrontar cos mesmos dragóns milenarios de sempre...xa saben...que si Anxela Merkel, que si as feministas neonazis, que si nós parimos nós decidimos pero pobres eles que tamén sofren e por quintuplicado o aldraxe destas amazonas libertarias que só andan na procura dunha pingalla de esperma para que as fecunde. Si, é cansino, gabancioso, pero sobre todo, moi, moi ineficaz porque segue coa matraca de sempre, de inserirnos en dúas únicas e aburridas cápsulas sexuais, dous compartimentos estancos que non admiten discusión. E claro, a enerxías esgótanse colegas, porque non hai forza que resista a milenios de historia e millóns de páxinas e bits perfectamente heteroxesuais e diádicos. Así que lembrade Dianas, lembrade a segunda onda, a terceira onda, e lembrade ou buscade novos paradigmas novísimos para nos, pero que xa teñen vinte, trinta anos e que aínda non deron nada de sí polos nosos lares. Cuestionádevos as categorías mesmas de "home e muller", pensade naquela frase de Monica Wittig "as lesbianas non son mulleres" e turrade deses fíos, atoparédevos un pouco máis cómodas en traxes máis folgados. 

lunes, enero 09, 2017

Varados en Río, Javier Montes (II). Autocrítica.

Hace poco escribí una crítica del libro Varados en Río, de Javier Montes. Por suerte, el autor tuvo la delicadeza de pasar por aquí e intercambiamos interesantes puntos de vista sobre su libro y la crítica que suscitó en Ana Rodríguez-Fischer y en mí. Confieso que no esperaba, cuando redactaba mis impresiones, que mis palabras tuvieran la repercusión que lograron, y mucho menos que llegaran a ser leídas por el propio autor. Las explicaciones de Javier Montes no sólo las acepto como un valioso y legítimo esfuerzo por defender su obra, que considero irrenunciable, sino que las agradezco más por lo que suponen de estímulo para una reflexión en profundidad de la rigurosidad con la que deben emprenderse los trabajos de crítica literaria. De modo que la autocrítica -más que literal, en este caso- se me impone como algo obligado.

La literatura es, casi por definición, un conflicto irresoluble, y puede incluso que en la imposibilidad del pacto entre escritura y lectura resida su mayor atractivo. Ya saben, ce n´est pas une pipe. No obstante, y dado que en este caso se ha producido un intento de explicación, creo que es muy valioso reflexionar sobre los condicionamientos que influyen en nuestra valoración de los textos literarios. Mi lectura de Varados en Río no me pilló leyendo a Dostoievski. Leo esta obra luego de un año de inmesión chaceliana e inmediatamente después de rematado un artículo de investigación sobre la obra de esta autora. De modo que, en el minuto uno de escribir aquellas impresiones, yo misma era consciente del imposible y necesario grado de distanciamiento con el objeto de mi reseña. Fue algo así como si me plantease "este libro habla sobre Chacel y tengo la obligación de leerlo". Digamos que, por una parte, no me desvinculé lo necesario del imperativo académico para disfrutar de una lectura que tenía que presentarse como otra cosa completamente distinta. Como una obra literaria propia, distinta y alejada de mi objeto de estudio. Dada la extraordinaria intensidad de la obra de Rosa Chacel, de la que también participa la investigación sobre la misma, en la que sobresale, sigo repitiendo, la magnífica investigación de Ana Rodríguez-Fischer, creo que tengo que reconocer que, efectivamente, tiene todo el sentido la advertencia que me hace Javier de que por suerte para los escritores que amamos, su obra es patrimonio de todos sus lectores, no sólo de los especialistas que quieran arrogarse su monopolio y otorgar bulas y excomuniones. En mi experiencia, un autor suele necesitar ser más protegido de sus acérrimos defensores que de sus detractores (como puede verse en este caso). Los puntos de vista sobre él (o ella) serán más fructíferos cuanto más distintos, si parten del respeto escrupuloso a las fuentes escritas y a los testimonios recogidos cuidadosamente. Ese ha sido mi caso. 


En mi crítica, reprochaba yo al autor el haber llevado la anécdota al centro del relato, por ser un estilo diamentralmente opuesto al quehacer chaceliano. Javier me advierte, acertadamente que escribir sobre un escritor no obliga (¡sólo faltaba!) a escribir "como" ese escritor o a autolimitarse al punto de vista que le fue propio. Mientras componía "Varados en Río" yo tenía en mente, aparte de la obra de Chacel, Zweig, Puig y Bishop, mil otros libros (...)  para mencionarme luego interesantes ejemplos de obras que, en cierto sentido, especulan con la voz narradora. No puedo dejar de reconocerle al autor su razonamiento, no sólo legítimo sino acertado. He de reconocer que no me había sacudido bien del "intríngulis" chaceliano y estaba, estoy aún, navegando por esas ideas-personaje con las que Chacel contruye sus obras y que complican la lógica de unos textos radicalmente distintos y con estilos diferentes. Lo que suena a disculpa, en todo esto, no es más que un reconocimiento irremediable de vicios de lectura que tienen forzosamente que corregirse si lo que se pretende es hacer críticas objetivas y rigurosas sin perder el punto de originalidad o estilo que una pueda tener en esto de hablar de lo que otros escriben. Esta singularidad del rechazo de la anécdota es tan presente en los textos de Chacel que una, como lectora, percibe que hacer lo contrario es algo así como cambiar de género. Y efectivamente, es casi así exactamente, porque pasar de Chacel a otras literaturas es como cambiar un libro de filosofía por otro de ciencia-ficción. Lo que sí debo reconocer aquí es el grado en el que este prejuicio pudo determinar una crítica en exceso negativa. Como si la anécdota en sí fuese algo a lo que renunciar por dedreto si se quiere hacer buena literatura. No. No es la utilización de un recurso, o su ausencia lo que determina la calidad del relato.

En cuanto al "yo desaforado" que le critica Ana Rodríguez, quizá tenga algo que ver con ese hartazgo que provoca en la literatura reciente el Yo del autor, del que habla Anna Caballé en el suplemento literario Babelia de este pasado fin de semana, una fatiga debida en parte a la extrema dificultad de reconocer los límites del género y de saber qué estamos leyendo (Anna Caballé. Cansados del yo?). 

El hibridismo actual de la novela, con las infinitas posibilidades de juego de voces e interacciones espacio-temporales introducen una confusión de la que sólo se sale airoso si se dispone del talento necesario para hacer de la lengua un mecanismo de construcción de mundos interesantes que aporten belleza y conocimiento a partes iguales. Y creo que Javier Montes transita por este camino. Digo creo porque me falta por leer el resto de su obra. 

Me gustaría dejar aquí constancia de cada una de las rectificaciones que hace Javier a la crítica de Ana Rodríguez pero creo que en mi espacio, lo que debo hacer es una autocrítica que, naturalmente, únicamente puede hacerse sobre las palabras propias. 


Más información sobre el autor.
Varados en Río, de Javier Montes en Anagrama.
Varados en la literatura, de J. Ernesto Ayala Dip. El Correo, 25.6.2016.
Los escritores siempre dejan huellas del crimen. Entrevista de Jorge Morla a Javier Montes en El País, 29.6.2016.






viernes, diciembre 16, 2016

Paris I.Vigipirate.

Paris. El sistema Vigipirate no es una atracción más, pero su vigilancia es mucho más siniestra que la de las gárgolas de Notre-Dame, inocentes seres de mirada  pétrea que se nos antojan ángeles custodios frente al peligro de cuatro soldaditos en formación que, fusil en mano, no dudarán en escupir fuego ante cualquier movimiento que consideren extraño. Resulta difícil disfrutar del vértigo en el elevador de la Torre Eiffel cuando descubrimos, entre los puntitos en que se van convirtiendo las personas a nuestros pies, estas constelaciones en formación y grotescamente ataviadas con uniformes de camuflaje. No deja de llamarme la atención el nombrecito, porque esa vigilancia no tiene nada de pirata. Es mas bien todo lo contrario. La ostentación en estado puro. Estamos aquí, porque toda esta belleza es nuestra, parecen decir,  y tú, seas turista, residente, inmigrante o SDF, eres sospechoso de querer acabar con ella. Los chicos y chicas del Vigipirate, son personas de las mismas razas que turistas, residentes, inmigrantes y clochards. O sea, que nos estamos vigilando mutuamente. Cuestionar explícitamente su presencia, por grotesca que sea, sería un acto de ingenuidad tan criminal, que seguramente te convertiría en cómplice de terrorismo. Así que, tienes que compatibilizar tu redencíón ante la belleza de París con el horror de la posibilidad de la inmediata destrucción que pregonan estos grupos militarizados que se diseminan por iglesias, panteones, catacumbas, plazas, estaciones y cafés. Estás en la zona de confort, es lo que te dice su presencia, y has de pagar por ello. Asi que, si te mandan abrir el bolso y un policía se interesa por la textura de tus polvos de maquillaje, pues lo dejas hacer, y con una sonrisa en los labios le invitas a jugar con el émbolo de tu tampax para que compruebe que no es un arma de destrucción masiva. Puede ser simpático, si no fuese porque son parte de un protocolo que puede hacer totalmente absurdo el simple hecho de pasear por una ciudad preciosa. Me indigna comprobar que el delicioso personaje del flaneur es, en estos tiempos, un individuo sospechoso de terrorismo. ¿lleva usted líquidos en el bolso? me pregunta un agente de seguridad en el aeropuesto de Orly mientras en la pantalla detectora se refleja la silueta del libro de Marieband Eléctrico, de Vila-Matas. Poco falta para que me retengan por contrabando de literatura de destrucción masiva. 

viernes, noviembre 25, 2016

Varados en Río, Javier Montes.

Fuente

No, no es eso. Es lo que imagino que Chacel pensaría tras la lectura del texto de Javier Montes a propósito del exilio de la autora en Río. No, no es eso. También lo piensa Ana Rodríguez Fischer, autora de una monumental tesis sobre la obra chaceliana y que inauguró una secuela magnífica de estudios académicos sobre la narradora. No, efectivamente, no es eso. Pero que a estas alturas, alguien se acuerde de Chacel, la rescate de su pernicioso olvido, no deja de ser motivo de alegría. Quizás el misterio, el sofisticadísimo mundo chaceliano asome en ocasiones en el fraseo del texto, pero desde luego hay muchas cosas que chirrían. A Ana Rodríguez no se le escapa ni una de ellas, pero la más singular, la que Chacel no perdonaría es el intento de elevar la anécdota al centro del relato. Ni siquiera cuando sólo disponía de anécdotas como único material para reconstruir la vida de sus personajes, véase el caso de Teresa Mancha, les concedió espacio en su literatura. Se pudo siempre permitir el lujo de desecharlas porque lo que le interesó siempre fue la vida de las ideas, y esa sólo y siempre es el resultado de un pensar duro que luego se manifiesta en una implacable e impecable forma de articular textos de una profundidad filosófica sólo posible cuando se tiene una insobornable lucidez y honestidad a la altura de un conocimiento exquisito de la propia lengua. De haber leído Javier Montes más obra de Chacel y con más profundidad, no se le  escaparía este nada pequeño detalle. No, Javier Montes no debió de haber leído su gran obra La Sinrazón. De haberlo hecho, no se hubiera atrevido a ser tan explícito en asuntos que la misma Chacel nunca dejó zanjados. Claro que, estar a la altura de doña Rosa ya comprendemos que es empresa imposible y acobardarse tendría como resultado el silencio. Y tampoco es eso. Así que yo agradezco el atrevimiento de Montes, Por qué no. Por qué no intentar comprender desde las capacidades de uno mismo, aunque se reconozcan limitadísimas al lado de una inteligencia tan desbordante. Yo agradezco a Montes que haya hecho el viaje a Valença que a mi también me gustaría haber hecho y no voy a hacer. Me gustaría seguir los pasos de Rosa en ese ómnibus, como él hizo, y sacar mis conclusiones también. Serían tan tristes como las de Javier, al comprobar el deplorable olvido de Rosa en esos lugares míticos en que vivió exiliada tanto años. Imperdonable. Ojalá que este texto sirva a muchas personas para entrar en el delicioso y sugerente mundo chaceliano. Es salud para el espíritu. Es impagable. Así que, a pesar de todo, gracias Javier. 

martes, noviembre 22, 2016

prextinción

Sois insoportables. Todos todos vosotros. Los que votais.  Los que alardeáis de no hacerlo. Los que en la sauna habláis de fútbol y hacéis repugnantes estiramientos. Los que escupís en la piscina. Los que adorais a Baudelaire. Los que adorais a Ronaldo. Los que dedicáis vuestras horas de trabajo a invertir en bolsa. Los que nos consideráis heroínas a las que hablamos duro.  Todos los apáticos buenrollistas a los que ya os tiemblan las piernas ante el inesperado triunfo facilón y terminal de vuestra broma infinita. Cansados de prostituir la carne os habéis atrevido con las palabras y estáis muriendo atragantados por la hinchazón de significados tóxicos que son impronunciables. Que rematadamente tontos que sois, apáticos. Lo peor de las especies que se extinguen es su desconocimiento de la inminencia del hecho. O lo mejor, así no pueden vacunarse.

(,,,)

Necios consumidores de culturas de superheroes de cartón piedra que se os fueron de las manos ya hace mucho tiempo. Los críticos desnortados les concedisteis el olimpo de los mitos porque os llamaban viejunos. Los "homes buenos et corregidores" no habeis dudado al entregarles el estrado y las llaves de la ciudad. Una luz cegadora e inocua inundó todo vuestro mundo del color de la única onomatopeya permitida, la del orgasmo múltiple por real decreto de vuestro gobierno post  (...)

(,,,)


viernes, noviembre 18, 2016

martes, noviembre 15, 2016

Es insoportable la levedad del no ser

Cada día me presentan a un nuevo apático. Suelen ser ejemplares machos de cierta altura y pelo más bien escaso. Sé que son apáticos no por su tediosa existencia, puesto que non dan señales de abandono ni diagnóstico DSM de nuevo cuño. Lo sé por la indisimulada contradicción entre su prepotente sonrisa y su mirada sumisa. Suelen ser, los apáticos, personas de imaginarios pasados gloriosos y presentes gloriosamente inmerecidos. A veces, son individuos muy jóvenes, lo que hace difícil su parametrización, pues no corresponde su edad con el volumen de episodios requeridos para mutar en apático, así que concluimos que la apatía por imitación es un riesgo ya no potencial, sino un hecho positivo. Crecen y se multiplican como los perros, pero no se jactan de pertenecer a ninguna secta, pues así es como definen a cualquier reunión de individuos que non tenga por objeto el puro ocio y el puro compartir nadas de colores. Podríamos reconocerlos como individuos alienados, puesto que sus miradas, a veces perdidas, apuntan siempre a una dirección correcta. Son curiosos, porque siendo apáticos a más no poder, están siempre vigilantes de que su especie no se vea mermada de efectivos como consecuencia de modas en políticas de natalidad que implicarían ciertas ventajas para sus cónyuges....

lunes, noviembre 14, 2016

Votad, votad, estúpidos!

te lanzan el hueso de la democracia y tú, estúpido, vas y agarras el voto entre los dientes, como si te fuese la vida en ello, y lo llevas a la huevera, como poniendo cada cosa en su lugar, como uniendo formas y colores de teorías de conjuntos que ya un día muy lejano se te instalaron en esa cabecita tuya tan obediente y acomodaticia, se diría, estúpido, que incluso sientes placer en el momento de introducirla en el agujero, porque de eso también te preñaron, de cosas que se meten en cosas, y luego no hay manera de sacarlas, pero que hay que seguir metiéndolas, y metiéndolas, jodiéndolas y jodiéndolas, aunque tengas que perder la vida empujando hasta que esté bien dentro, aunque sepas que la vas a vomitar nada más salir del recinto sagrado del colegio electoral, que es la casa de todos, de todos los perros que quieren su hueso, sólo eso, ni más ni menos, el hueso, el relicario de la profecía inmarcesible y evanescente que os asegurará un lugar en la república imaginaria de los sueños del perro más estúpido de la polis, y ahí seguís, creciendo y multiplicándoos por divisores que diseñan estados, por títeres que os lanzan hologramas hueso que sacian todas vuestras glándulas, pobres estúpidos de incontables días de angustia, si mirárais al suelo, en vez de a esos preciosos cerditos voladores que decoran los dispensarios, veríais vuestros pies hinchados hundirse en el humedal de vuestros olvidados deseos...[acompaña sonido de bocas que se abren y cierran por diversas causas, todas igual de legítimas].


Escenario hipotético: Un colegio electoral típico, con sus perros alrededor de la urna de plástico desgastado y con tapa rosa. Por el suelo esparcidos votos-hueso-hueveras y al fondo un mostrador con castillos de naipes ilustrados con las razas de perros exóticos. Habrá cortinas de humo de color acorde con la cartelería de las diferentes pociones de huesos. No habrá niños, No habrá niñas. No habrá perras ni mujeres. No forman parte del censo. Permanecen en las plazas sosteniendo carteles que representan diversos tipos de huesos de todo tipo de vertebrados. 

miércoles, noviembre 09, 2016

The original text by Zoe Leonard | I want a president...

Fonte
A traducción, máis ou menos literal:
quiero una bollera para presidenta. quiero para presidentx a alguien con sida y quiero un vicepresidente marica y quiero a alguien sin seguro médico y quiero a alguien que haya crecido en un lugar tan contaminado que acabará contrayendo leucemia. quiero una presidenta que haya abortado a los 16 y a un candidatx que no sea lo mejor entre dos males y quiero un presidentx cuyo último amante haya muerto de sida, y que siga teniendo esas imágenes detrás de sus ojos cada vez que se acuesta, que haya abrazado a su amor sabiendo que estaba muriendo. quiero un presidentx que no tenga aire acondicionado, un presidentx que haya hecho cola en un hospital, en la oficina del inem o en planificación familiar. quiero un presidentx que haya estado en paro, a quien hayan echado de su trabajo y que haya sido agredidx sexualmente, o por su identidad sexual, que haya sido deportadx. Quiero a alguien que haya pasado una noche en la cárcel y que haya tenido en su jardín una cruz en llamas y haya sobrevivido a una violación. quiero un presidentx que haya amado y haya sufrido, que respete el sexo. alguien que haya cometido errores y haya aprendido de ellos. quiero una presidenta negra. quiero alguien con los dientes cariados y orgullo, alguien que haya comido bazofia de hospital. quiero un presidentx trans y que haya sido drogadictx y que vaya a terapia. quiero alguien acusadx de desobediencia civil. y quiero saber por qué esto no es posible, quiero saber cuándo y quién decidió que un presidentx ha de ser un mamarracho: siempre un chulo y nunca una puta. siempre el jefe y nunca un trabajador. siempre un farsante, siempre un ladrón al que no condenarán nunca.
(Pese a todo, eu quería a Hillary como presidenta)

martes, noviembre 08, 2016



El mundo se ha vuelto completamente insoportable. Lo hortera hace irrespirable una atmósfera que ya estaba viciada, y los miasmas han adquirido la categoría de mérito superior. Afortunadamente, en las entretelas de la miseria la belleza sobrevive. A mí se me ha arreglado el día disfrutando de la insobornable sonrisa de Ana y, claro, con su violín el delirio es tal que hay que compartirlo.



jueves, octubre 20, 2016

loos fit, ángela de la cruz


"El marco era y es la espina dorsal de un cuadro, lo que lo mantiene derecho. Cuando está roto, pierde esa cualidad de rectitud. Me intimidaba la pintura erguida, esa figura autoritaria" (Ángela de la Cruz)

Escollería esta "desfeita" da colección que amosa o Marco. Derrubar piares canónicos e estragar autoridades como xustificación da violencia necesaria para manter a hixiene mental dunha colectividade arrepiada pola excesiva permanencia de espiñentas autoridades obsoletas. Derrubar marcos, espiñas dorsais, derrubar capitanías marítimas e rimas hereditarias, velahí a espontánea empatía coa que Ángela nos fai cheirar a liberdade do negrísimo óleo sobre un lenzo vómito que sae. Brillante. Pegañento. Teño que marchar ou este monstro de confundido volume e inconcebible forma vai paparme enteira. Hai unha liña, a liña que lembra, pode ser, a liña de terra, a líña do horizonte, a líña que marcaba a impía unlla do profesor de debuxo emporcallada de xiz, emporcallada de autoridade de pacotilla...¡bravísssima Ángela!
axustado ma non troppo 

miércoles, octubre 19, 2016

Non todos os días, pero algunhas veces, TODAS


non todos os días lle agasallan a unha un libro de poesía
non todos os días lle sorrí a unha unha poeta
non todos os días atopa unha a debilidade precisa para afrontar a beleza
non todos os días se enzoufa unha de memorias alleas....,


Para A.F.B., que asegura, de momento, non poder coa poesía...

Grazas María Jesús





de Concha García la poesía es crítica, quiere desaparecer de la página adelgazando el texto.

                de Andrea Mazar-Barnett                                      tengo un crujir pequeño bajo mis pies

                        de Carina Nosenzo                      juntamos las manos para vaciar el vientre

                       de Carmen Cueva     El aire lame
                                                                  el musgo rizado
                                                                           de tus venas repletas de
                                                                                 moluscos

                               de Cristina Galán llegarán ahogados a costas ignoradas

                                                   de María Jesús Fariña 

                                                                        Nos salva 
                                                                la belleza: 
                                                  la luz de algunas tardes,
                                                              el mar, las nubes,
                                                                         las quimeras, 
                                                                                  la línea azul
                                                                         del horizonte, 
                                                                 ese árbol 
                                                 que nadie mira
                                                              pero que verdece.
                                                                      Nos salva el azar 
                                                                              y las palabras. 

de Paula Castellón Muñiz se me clava la infusión y el tacón de mi compañera de edificio

de Pilar Sastre Tarduchi:                                Poético es vivir la vida en primera persona
                                                                         y no esperar
                                                                         el tránsito de unos barrotes
                                                                         que no son tuyos


                    de Vicky Frías    

                                  la guillotina actúa
                                  cerca de la raíz
                                  el árbol es todo
                                  cabeza

de Virginia Ruíz Martos las casas matas se han llenado de corderos

lunes, octubre 17, 2016

Dia das escritoras, 17 de outobro: Rosa Chacel

Súmome á iniciativa da Asociación Clásicas e Modernas, a Federación Española de Mulleres Directivas, Executivas, Profesionais e Empresarias (FEDEPE) e a Biblioteca Nacional de España, de celebrar o Día das Escritoras 


A insubornábel lucidez e rigorosodade de Rosa Chacel non puido ser admitida nin moito menos aireada nun país de mediocridade tan pegañenta como era a España na que viviu a escritora. Co seu endiañado e puro sentido común tivo que desenmascarar a estupidez e falacia que se agochaba baixo a mascarada pseudocientífica coa que se adobiaban os gurús da cultura do seu tempo e que para o noso abraio, cen anos despois seguen ben amarrados nos seus pedestais canonicos. Malia as violentas reaccións de Ortega, Rosa Chacel non deixou nunca de render tributo ao filósofo na súa vida e na súa obra. Sen dúbida, tiña a escritora esa grandeza da xenialidade que obriga a recoñecer a virtudes do creador malia as eivas que tamén conformaban a personalidade do seu mestre. Sabía Rosa da deplorable misoxinia de Ortega, que era quen de escribir que a muller con talento cheira a varón, pero tamén sabía que él era precisamente o que tiña o poder, a capacidade para varrer o chan daquela España lamacenta. Só Ortega podía prender a luz naquel corredor escuro de comezos de século. Xa tiñan abondas dificultades as mulleres para penetrar no sancta sanctorum cultural masculino como para permitirse rexeitar por misóxinos aos únicos, ao único máis ben, que permitía asomarse a unha dama á solaina das empoleiradas páxinas da historia cultural que se estaba intentando rexenerar. Así que Rosa Chacel tivo que loitar durante toda a súa longa vida para escribir, para decir. As súas admiradoras desexariamos unha obra inabarcábel debido a súa excelente calidade, pero Chacel tiña, seica, unha extraña virtude:  a dificultade. Pero esa complexidade foi deliberadamente introducida nos seus textos porque tiña forzosamente que acompañar a toda tarefa que vai na procura da verdade. E Rosa non quere unha lectura compracente, porque á verdade só se chega logo dun laborioso proceso de indagación e reflexión por conta propia, así que a lectura ten que ser tan esforzada como a escritura. Eu diría que Rosa fai pensar ata que doe. Así é de implacable esta escritora, ás veces sen materia. Os seus textos son fíos dos que turrar para que se multipliquen os significados. Pero fiando fino as súas frases convértense en tratados. Hoxe, só as académicas turraron abondo, non é a súa unha obra doada de vender, tampouco o foi no pasado. Elas, as "doctorcitas" como ela as chamaba, fixeron da súa obra un corpus de investigación que invita a seguir construindo e deconstruindo da súa man. Imaxino a Rosa só medianamente satisfeita de tanta tese doutoral feita á súa conta e moi alporizada 
Manuscrito de Chacel. Archivo Fundación Jorge Guillén

coa escasa repercusión da súa obra e coa deriva irremisiblemente decantada cara a vulgaridade actual. Que a día de hoxe continuemos permitíndonos non ler a Chacel é unha dolorosa constatación do insoportable estado do noso ambiente literario e cultural. Cando comecei a lela incansablemente, (recomendo iniciar a súa lectura con Memorias de Leticia Valle) quixen compartir a miña efusiva admiración cun editor amigo, que me dixo xa, si Chacel, os exiliados, non, hoxe non o le ninguén...Non contaba con esa indiferencia. Foi unha dolorosa constatación. Unha especie de investimento sen risco ningún que garantía a súa desaparición do panorama literario. Pero eu pregúntome a cotío, ¿podemos permitírnolo? E como se de repente se deixara de editar a Simone de Beauvoir ou a Virginia Woolf, Ou peor, é como se viñeramos de descubrir a estas dúas magníficas e as descartaramos por antiguas ou demodés. Non me cabe dúbida, este país segue a preferir o bruído daquel Umbral que nos oitenta non se cansaba de insultala en canto medio se prestara, que eran moitos, a darlle voz. Umbral só quería vender o seu libro, xa se sabe, e para iso valía todo. Rosa era unha competencia moi desleal, había que rexeitala tamén con toda deslealdade a todo, incluso á literatura. E gañou, abofé. Non é para celebralo, precisamente. 

lunes, octubre 03, 2016

Carta abierta a Víctor Erice.

Babelia 1.10.2016
Cuando el pasado sábado me encontré con la portada de Babelia no puede evitar el susto de pensar que nuestro ínclito semanario literario había sucumbido al espectáculo político y estaba anunciando también la dimisión de Pedro Sánchez. Dispuesta a afrontar un descenso más hacia el lúgubre subsuelo cultural que nos rodea tomé el suplemento por los cuernos dispuesta a dejarme vampirizar por la tipografía espectáculo que sustituye a las casi siempre magníficas ilustraciones de esta primera página. La letra grande asusta mucho más ahora que, gracias a lo digital, la hemos aceptado como sustitutiva del griterío o del insulto. 

Pero afortunadamente es de literatura de lo que se habla. Se le ha otorgado a Víctor Erice nada más y nada menos que la primera página del más relevante suplemento literario español, se le ha otorgado también el micrófono de la letra grande, la foto grande y la doble página. El asunto debe ser importante, así que ¿quien puede reprimirse a obedecer a los tres puntos suspensivos más caros de nuestra prensa literaria?

No puedo creerme desde el primer momento con lo que me estoy encontrando. No puede ser, simplemente, no puede ser. Es demasiada coincidencia. Acabo justamente de organizar una sesión de debate sobre la maravillosa novela Teresa, de Rosa Chacel y el parecido es insultantemente evidente. 

Víctor Erice, en lugar de alegrarse de que una novela saque a la luz a la desconocida autora del relato (¿alguien se imagina un seminario sobre la película Dublineses en el que no se hable de Joyce?) que le permitió hacerse con un lugar en la historia del cine español ("El Sur"), en lugar de alegrarse, digo, se inquieta. Bueno, en realidad se molesta, se indigna, se cabrea tanto que consigue que le dejen para él solito la portada y dos páginas de Babelia.  No consigo entenderlo, es decir, se me cae el alma de tan meridianamente claro como se me aparece este caso. 

Cuando Rosa Chacel tuvo que afrontar la realización de la biografía ficticia  -si, existe el género señor Erice, y gracias a esta también deliberadamente olvidada escritora, tiene un tratamiento deslumbrante en nuestra literatura- de Teresa Mancha, hasta el momento sólo conocida por haber sido la amante de Espronceda que diera origen a su famoso Canto, todo lo que tenía sobre ella era una chirriante anécdota (según señalaba la prensa de la época, Espronceda, de vuelta una noche al hotel junto con dos compañeros de postureo romántico, había comentado que aquellos zapatitos -eran de Teresa Mancha-  sólo podían ser de una española). Chacel se lamentaba de tener que escribir una novela sobre una mujer que por todo tener sólo tenía unos pies pequeñitos (adviértase la sagacidad de la escritora en esta crítica cuyo destinatario no debe pasarnos inadvertido) igualmente que se lamenta Erice de que una escritora hoy, justo cien años después, se atreva a construir un relato a partir de una anécdota. 

Señor Erice, qué más quisiéramos que disponer de información abundante y fiderigna de personas que han protagonizado momentos tan estelares como Teresa Mancha o Adelaida García Morales. Pero desafortunadamente el micrófono, la letra grande y las primeras páginas no están al alcance sino de unos pocos. Pero es que además, la anécdota es, nada más y nada menos, que un punto de apoyo sobre el que se puede construir -o reconstruir- un mundo. En el caso de Chacel, la anécdota, tan despreciable para ella en literatura, le vale para transcenderla, para pasar al interior de aquella habitación de hotel y entrar en el alma de Teresa. A partir de ahí construye nuestra genial escritora un personaje insobornable y completamente insustituible para las lectoras y lectores que tenemos la suerte de haberla descubierto a pesar del fárrago de chismes y olvidos que ser vertieron sobre personaje y autora respectivamente. 

Elvira Navarro también parte de una anécdota, y eso a Ud. no le gusta. No me extraña. A nadie le gustará saber que una de nuestras más relevantes escritoras (y nada menos que la que propuso a Chacel para el Cervantes, que por supuesto no le dieron) haya podido pasar por el trago de tener que pedir cincuenta euros para visitar a su hijo. Pero de ahí a cuestionar la moralidad y la idoneidad de la autora hay un mundo señor Erice. 

Una escritora, puede escribir su historia sobre lo que le de absolutamente la gana, faltaría más. Los juicios morales en cuestiones literarias los carga el diablo. Su diatriba contra esta novelista suena a una especie de autoinculpación que dudo mucho que hasta ahora nadie que no sea su propia conciencia le haya pedido. No sé por qué me vuelve Espronceda a la mente. Y digo esto a juzgar por esa especie de disculpa que lanza usted hacia el final de su carta-denuncia "...existen hijos, familiares y amigos que, en la medida de lo posible, ayudamos a Adelaida...". 

De la calidad de la novela déjenos juzgar a sus lectoras y lectores, por favor. La humildad con que Elvira Navarro afrontó este trabajo al reconocer públicamente que no es investigadora y no le interesa una biografía de Adelaida creo que la exime de ser juzgada de nada que no sea haber elaborado un buen o un mal relato de ficción. Los lectores, y las lectoras, somos seres inteligentes, créame. Sabremos si Adela García Morales está en el relato o si no lo está. Porque lo que ya sabemos, señor Erice, e incomprensiblemente, desde hace escasas horas algunas despistadas como yo, es que Adelaida García Morales escribió, además de "El Sur",  Archipiélago, El silencio de las sirenasLa lógica del vampiro, Las mujeres de Héctor, La tía Agueda, NasmiyaEl accidente, y algunas cosas más. 

En cuanto a lo de vida robada, le pediría que nos aclarase contra quien se comete el latrocinio que denuncia Vd. La vida de Adela, las vidas...¿están sujetas a la propiedad privada de las personas con las que comparten un lapso espacio-temporal? He buscado la imagen y la palabra de la propia Adela y me encontré con lo que esperaba: escasísima información sobre ella pero un vídeo en el que hablando de sí misma dice algo así como que "las personas tenemos que esforzarnos por no depender de los demás, por saber convivir con nuestra soledad y nuestros principios...". Yo creo, sin haber leído nada sobre Adelaida (cosa que remediaré hoy mismo) que era un espíritu muy, muy libre, que no soportaría que hablasen por ella, aunque sí de ella. Si Vd. quiere verdaderamente rendir el homenaje que le merece díganos cosas sobre ella, escriba su biografía o facilítenos datos. Yo sí se lo pido, a título personal. ¿existe un archivo de Adelaida García Morales que consultar para escribir sobre ella y su obra? ¿Podría concertar Vd. conmigo una cita para realizarle una entrevista sobre ella? ¿estaría dispuesto a hacer una doble página en un próximo suplemento sobre Adelaida y su obra? 

Atentamente. 
Ana Bande