
[Para Uxío, grazas pola visita]
VERSIÓN CASTELÁN: En tiempos de Aspasia, Pericles fue el hombre más famoso de su tiempo". Con frases tan aparentemente sencillas es mucho lo que se puode hacer desde la literatura para arreglar el mundo. Galeano es una de esas voces imprescindibles que emplea la escritura para denunciar la injusticia. Su obra es la otra cara de la moneda de una historia que no recogieron los libros de texto, otra versión de los mismos hechos que cuentan los medios más prestigiosos. Es una escritura activista, que toma partido y que denuncia con valentía la programada perversión de un sistema que rechala la búsqueda de la felicidad. Las venas abiertas de de América Latina más que un libro, fue una revolución. Fue el primer gran espejo de Galeano, un enorme espejo en el que todo el mundo pudo ver los horrores del pasado e del presente de América Latina e incluso entenderlo. Las venas es un fresco grandioso al modo de los muralistas mexicanos. Galeano, igual que Siqueiros, Ribera u Orozco, también liga sus materiales primero, sus palabras, para inmediatamente fijarlas en la argamasa todavía húmeda, de las heridas aún abiertas, para que el color, el dolor, los hechos, penetren y, al secarse, se fijen para siempre. Galeano es un creador, un artista que trabaja con la palabra con una finalidade máis que estética, ética. Por eso no le puede afectar que o rechazen como historiador porque sencillamente non lo és, lo dijo siempre. Su intención no es la objetividad, al contrario, decide claramente tomar partido. Con la nobleza y claridad que lo caracterizan, siempre dijo que su obra no prentende ser historia, entre otras cousas porque non quiso nunca aislarse de la realidad de los hechos con esa coraza de una obxetividade, una herramienta sobrevalorada o, cuando menos, malentendida tantas veces, que hace una historia al servicio del poder. Un juego sucio, un engaño y una pretendida posición de neutralidad que se niega a desequilibrar una balanza que emplea unidades de medida diferentes segund convenga y en el que las víctimas valen tanto como el peso de sus almas. Una objectividad que, para muchos aspirantes a historiadores, funciona como aquellos depósitos de hormigón donde la mafia hacía desaparecer el cuerpo do delito. Asi quedaron ocultos, para siempre cientos, miles de mujeres y hombres que removieron la tierra para dejar la semilla que hoy brota en forma de grandes principios que nos protegen de la esclavitud, de la violación, de los genocidos, y que nos legitiman para elegir opciones sexuales, religiosas o políticas. Espejos, una historia casi universal, es otra historia universal de la infamia. Pocos libros llevan un título tan acorde, porque espejos son los invisibles que nos ven, los olvidades que nos recuerdan. Esos que también lucharon pese a no tener monumentos, calles o monografías que los recuerden. Son, por ejemplo, Micaela Bastidas, Bartolina Sisa, Gregoria Apaza, que también murieron descuatizadas como Túpac Amaru. Son Esther Balestrino, María Ponce e Azuzena Vilaflor, las fundadoras de las Madres de la Plaza de Mayo, a quienes el asesino Ángel Rubio besó para señalarlas como pasajeiras preferentes de los maltidos aviones que las arrojarían vivas al Pacífico, junto con otros tantos disidentes, o no, de la dictadura. Son Ada Byron, hija del poeta, inventora del primer lenguaje de programación. Son también héroes olvidados como los campeones olímpicos de México Tommie Schmith y John Carlos que subieron al podio con sus puños negros en alto para denunciar la humillación racial en los Estados Unidos. Y son también, padres, paisajes, artistas, inventos, fotografías, momentos, sinfonías, poetas, leyendas, ciudades, guerras, juegos, deportes, dictaduras, manifiestos, e muchas más cosas que cambian de significado porque se pintan co outros colores y se miran bajo otras luces. En los espejos, además, las palabras se leen al revés. Y esto es o que hace Galeano, invertir los términos, lo de la derecha para la izquierda, lo de arriba para abajo, del cielo al infierno, de hombre a mujer...para que el espejo nos devuelva unas imágenes más acordes, en las que nos sentimos mucho más cómodos cómodos, como si de repente nos diésemos cuenta de un viejo dolor a cusa de haber llevado siempre los zapatos del revés.











